lunes, 25 de junio de 2007

Eduardo Gil de Muro

El viernes nos dejó un hombre necesario.
Se fue, probablemente, porque él no se sabía tan necesario por más que los que le querían se lo dijeran constantemente.
Con 17 años me enseñó a traducir a Julio César, a Catulo.
Enseñaba henchido su alianza de matrimonio donde una inscripción interior jugaba con el significado del nombre de su mujer y de la palabra poema en latín.
Tuvo tiempo y humildad para llamarme por teléfono 10 años después para decirme que se sentía orgulloso de mi trabajo, que me seguía y que le gustaba mucho haber sido mi profesor.
Orgullosa yo de haber sido su alumna!
Fue la segunda persona que acortó mi nombre a Soni y a mí me resultaba extremadamente cariñoso.
Me enseñó otras formas de contemplar el cine contagiándome su entusiasmo por El club de los poetas muertos o por Rebeldes del Swing.
Tenía la voz y la risa como el eco de una gruta, honda, como escribía de él Bernardo Sánchez en el periódico de ayer.
Como enorme cinéfilo, estoy segura de que antes de irse vio La vida de los otros.
Es un pálpito, nadie me lo ha dicho.
Hay algo en esa película que me hace pensar en él.
No le ha espiado la Stasi ni hay constancia de que se le haya incluido en una lista negra, pero quizás todos seamos un poco culpables de fomentar un sistema que apuesta por la ignorancia, por el pan y circo, que ostenta vulgaridad y silencia y da la espalda a los escasos grandes hombres sabios que aún quedan en el mundo.
La película no me lo trae a la memoria sólo por haber terminado como Albert Jerska, sino porque, a pesar de los defectos que como cualquiera tuvo, hoy alguien debería estar tocando para él una Sonata para un buen hombre.

5 comentarios:

Justo dijo...

Cada una de tus palabras, desprende el mucho cariño y admiración que le tenías... descanse en paz.

Un beso Soni (con mucho cariño)

Anónimo dijo...

Miquel Martí Pol
Salveu-me els ulls -en catalán-

" Salveu-me els ulls quan ja no em quedi res.
Salveu-me la mirada, que no es perdi.
Tota altra cosa em doldrà menys, potser
perquè dels ulls me'n ve la poca vida
que encara em resta i és pels ulls que visc
adossat a un gran mur que s'enderroca.
Pels ulls conec, i estimo, i crec, i sé,
i puc sentir i tocar i escriure i créixer
fins a l'altura màgica del gest,
ara que el gest se'm menja mitja vida
i en cada mot vull que s'hi senti el pes
d'aquest cos feixuguíssim que no em serva.
Pels ulls em reconec i em palpo tot
i vaig i vinc per dins l'arquitectura
de mi mateix, en un esforç tenaç
de percaçar la vida i exhaurir-la.
Pels ulls puc sortir enfora i beure llum
i engolir món i estimar les donzelles,
desfermar el vent i aquietar la mar,
colrar-me amb sol i amarar-me de pluja.
Salveu-me els ulls quan ja no em quedi res.
Viuré, bo i mort, només en la mirada. "
David Grau( Un beso Soni )

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Perder a alguien que te ha conducido en la lectura es desencadenar ecos en el interior de las palabras. Lo siento, Sonia.

ana dijo...

Yo no lo conocía mucho, pero sólo de un gran hombre pueden salir dos grandes mujeres como sus hijas.
Tati, como me has dejao, pffff...

Anónimo dijo...

Bonitas palabras, Sonia. Seguro que él sigue orgulloso de ti. Yo no le conocí pero era amigo de buenos amigos, por lo que, no hay duda: era un gran hombre. Qué pena que la vida se lleve a los mejores tan pronto. Un abrazo.

diegomarín

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