martes, 12 de junio de 2007

Madriz, madriz

Fin de semana en Madrid.
Tres días para comer cosas raras, para saltar del cuscús y la narguile del restaurante El Califa, al té Chai del libanés de Lavapiés o a las cañas con tapas minúsculas de la Cava Baja donde los bares han cambiado de lo castizo a lo gafapasta (menos mal que me acabo de comprar unas).
Para volver al Rastro (me encanta la zona de las tiendas de almoneda y la de los puestos de los gitanos), para recorrer en el metro las tripas de la ciudad como un virus mortífero y grisáceo. Tres días para volver a las tiendas por la mañana con su música chunda chunda a todo trapo y volver al caer la tarde y ver a los vagabundos borrachines y desdentados durmiendo entre los cartones en el cajero de al lado.
Tres días para ver que en Montera cada vez hay más putas y que cada vez son más jóvenes y que los señores de bien de Madrid las miran de reojo cuando van de paseo con sus mujeres.
Para volver al Retiro y pasear, y mirar de lejos al pajero escondido entre los arbustos que observa a las parejas, y ver libros, y caras muy conocidas, y comer helados, y consultar el oráculo en La Cripta Mágica y volver de noche en el metro a casa de mi hermana sin pies y sin aliento rodeada de las melenas y las tachuelas de los heavies que van a litronear a los bajos de Argüelles.

3 comentarios:

Justo dijo...

"Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, a mitad de camino entre el infierno y el cielo... yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid" (J. Sabina)

Abrazo!

Justo

labegue dijo...

Cómo me gustaban a mi las escapaditas a Madrid, cuando todavía no teníamos a los niños. Lo mío era un teatro por noche, mucho museo y mucho andar y andar.

Anónimo dijo...

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.
Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.
Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.
Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.
Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid .

J.SABINA.

Un saludo+abrazo

David Grau

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