martes, 19 de junio de 2007

Presentación de Alberto Vidal a la Crítica de la razón gastronómica de Javier Pérez Escohotado

Una pena que no podáis verle a él interpretarla.

Conformaos con el texto:



Hola, me llamo Alberto Vidal y soy de aquí, de Logroño.
Agradezco la oportunidad que me ha brindado Javier para presentarle en un espacio público de semejante categoría como es este Centro Cultural de Fundación Cajarioja en la Gran Vía.
He de reconocer que cuando Javier me propuso venir aquí, a estar con él, me entró un sudor frío, me flojearon las piernas y no supe muy bien qué responderle, más que nada por si en el transcurso de mi intervención, decía alguna inconveniencia que no fuera del todo de su agrado y pensando que teniendo Javier, como tiene, tantos conocimientos en el mundo de la literatura y el arte, me refiero a gente importante de verdad, no me parecía muy lógico que contase conmigo para ser resaltado por un argumento de autoridad de la que no dispongo, quiero decir que lo que pueda aportar yo a favor del reconocimiento literario de la obra de Javier Pérez me parece que puede ser de escaso valor, más divulgativo que de fondo, más para un público de baja estofa, con poco conocimientos que si nos atuviéramos al público de la categoría que merece la obra de Javier, un público, en definitiva, con más de dos dedos de frente.
Así que pensé que si Javier quería que yo fuese uno de los presentadores de su último libro es porque seguramente Javier quiere que este libro pueda ir también dirigido a un público con poca cabeza, no sé si será el caso de Vds.
Dicho esto, a modo de presentación y disculpa, o petición de súplica por lo que en adelante puedan oír. Ya puedo empezar tranquilo.
En cuanto empecé a hojear este libro Crítica de la Razón Gastronómica, me surgió la siguiente pregunta:

¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?

Es decir, yo que conozco a Javier de toda la vida y me enorgullezco de ser su amigo desde hace más de treinta años, sé que Javier es ante todo un poeta y verlo metido en algo que en apariencia es un libro de cocina… pues, qué voy a decir, que me chocaba una barbaridad.
Siguiente pregunta:
¿Se mete Javier a escribir un libro de cocina porque como poeta no se jala un rosco, y anda necesitado de pasta gansa?
Respuesta inmediata: NO. NO y mil veces no. No es eso. Yo sé que Javier tiene un buen trabajo en Barcelona y que además tiene que andar bien de perras porque el año pasado se compró un campo de olivos junto al mar, con una casita que, por lo que me han dicho debe de ser algo digno de ver.
Así que seguro que no es un escritor que se haya vendido por la pasta, y seguro que la idea de escribir un libro de cocina está llena de romanticismo.
El asunto es más complicado. Hay que empezar a leer. Y leo.
Y entonces pienso que, en este tiempo, los libros de cocina son de lo que más se vende y que los cocineros son, por así decirlo, los nuevos Miguel de Cervantes o García Márquez del momento. O sea que ha habido un trasvase Tajo-Segura y lo cocineros son los nuevos poetas del siglo. Solo hay que ir a un restaurante caro para darse cuenta. En seguida te dicen: “…y de segundo les recomiendo las manitas del cerdo con las uñitas pintadas con un nido de cebollitas al lapislázuli que son una delicia”.
Así que estamos en tiempo de ingerencia, confusión y mezcla. Donde lo concomitante se trasvasa de un lado al otro y el placer espiritual que pueden llegar a producir la selección de las palabras de un poema se expresa mediante una selección de verduritas braseadas. Es decir, el placer espiritual se expresa como placer físico. Como ya dijo san Juan de la Cruz: “Dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado” y el placer físico, la gula, se expresa como placer espiritual: como oración poética.
Así pues los poetas del momento, sobre todo si son riojanos, tienen que responder:

Veamos, por ejemplo, cómo expresa el amor mi amiga y paisana Sonia San Román, una gran poetisa:
Dice así:

Fue brillante,
Limpio,
Con toques púrpura
Y cereza,
De alta intensidad.

Olía frutal y a regaliz amargo.
Ligeramente ahumado y con recuerdos a especias
De madera francesa.

Sabía suave y vigoroso,
Delicado y cálido.
Casi dulce.

¿Su persistencia?
Larga:
Ya hace más de diez años
Y aún siento aquel beso.
La bella expresión de este poema me lleva a pensar que tanto Sonia San Román como Javier Pérez, como buenos poetas riojanos, se enfrentan con el problema de la metonimia.
La metonimia es una palabra que viene del griego: “meto” y “nimia”, o sea que te mete una cosa nimia o de poco valor.
En el caso del poema de Sonia, el campo semántico de la textura de un buen vaso de vino se ha metido o entrometido en el campo semántico de un beso de amor. Se confunde un vaso de vino por un beso divino. Es un beso que ha provocado una borrachera inolvidable. La poetisa, con ese beso, se ama… Se ha mamao.
Pero pongamos otro ejemplo que nos que nos va a acercar más al texto de Javier:
Escuchen Vds. esta Alegría Riojana que yo mismo he publicado y que puede ser la que nos oriente definitivamente para comprender todo esto que intento explicar.
Dice así:

Cierto día fui a comer
Allí, a Rivas de Tereso.
Me pusieron un buen rabo
Aunque estaba tieso, tieso.
Como ven, he mezclado el placer que produce la buena gastronomía con el placer que puede llegar a producir una buena felación, entre nosotros, una buena mamada.
Y es que mamarse por “emborracharse” o mamarla por /realizar una felatio/ también son términos con una misma raíz etimológica.
Así que como ven, aquí, en La Rioja, el placer sexual está conectado con el placer gastronómico que a su vez intenta expresar un estado de iluminación interior, de beatitud, de éxtasis espiritual.
Voy a repetir esta frase que por allí se han despistado:
Así que como ven, aquí, en La Rioja, el placer sexual está conectado con el placer gastronómico que a su vez intenta expresar un estado de iluminación interior, de beatitud, de éxtasis espiritual.
Pues bien, a mi sano juicio, yo creo que Javier Pérez, (que ha sido cocinero antes que fraile), con su Crítica de la Razón Gastronómica ha conseguido contar esto que les estoy tratando de resumir, pero con lujo de documentación y detalles en un libro que es la hostia y como buena hostia alimenta física y espiritualmente: Metonimias, sinestesias. ¡Metáforas!. ¡Filología en estado puro! ¡Es lo que hay!
Muchas gracias por su paciencia.

© Alberto Vidal, Logroño. San Bernabé, 11/6/2007

2 comentarios:

guevofrito dijo...

joder javier es muy bueno. tenemos amigas comunes y su libro "laura, llueve" es la leche.

Justo dijo...

Joder! qué presentación más bestial! ingeniosa, inteligente, divertida... acojonante!

Besos

Justo

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