martes, 21 de agosto de 2007

Egipto, día 1.

El Cairo es la tercera ciudad más poblada del mundo.

Tiene 18.000.000 de habitantes por la noche y unos 21.000.000 por la mañana y todos conducen a toda velocidad y hacia todas las direcciones.



Una vez oí a Michael Palin, uno de los actores de Monty Python, cuando llegaba a Alejandría con su serie de viajes La vuelta al mundo en 80 días, que tenía la sensación de que los coches egipcios llevaban el claxon conectado al acelerador.

No exageró nada.

El Cairo es una ciudad de ciudades. Como las muñecas rusas.

La primera sensación que me llevé desde el taxi, de camino hacia el hotel en Ghiza, fue el contraste entre la zona de Heliópolis, donde vive la crème de la crème de la ciudad y Qarafa, o la Ciudad de los muertos: cementerio musulmán cuyos mausoleos están habitados por familias de escasos recursos.
Es sorprendente ver asomar una parabólica de un panteón funerario.



Egipto siempre tan acostumbrado a convivir con la muerte.

Los minaretes de las mezquitas se mezclan con edificios de ladrillo a medio terminar y deslumbran por su decoración de luces de neón con un verde luminoso casi obsceno.



Desde la habitación del hotel puedo adivinar la punta de la pirámide de Keops detrás de unos edificios de rascacielos.


Bajo la ventana, un pequeño ramal del Nilo lleno de escombros, de ovejas muertas y de plásticos flotando.

En la piscina, familias musulmanas adineradas celebran una boda con sus mejores galas.

Suena desafinado y altísimo un órgano electrónico intentando modernizar la música tradicional árabe y resulta ensordecedor.

Una mujer madura y entrada en carnes atraviesa la puerta del hall del hotel luciendo un chador negro con un enorme tigre bordado con lentejuelas.

El polvo y la contaminación del aire me producen desasosiego y algo de asma.

Las sirenas de los coches siguen sonando sin cesar.

Recuerdan a las atracciones de la feria.

Da igual que el coche sea de lujo o que se trate de un Supermirafiori de hace veinticinco años.

Todos compiten por llevar el sonido más original.

Un camión pita con la música de El Padrino y no doy crédito.

El aire acondicionado está a tres grados bajo cero.

Trato de dormir entre tanto ruido.

Al día siguiente me levantaré a las 6 de la mañana.

3 comentarios:

Labegue dijo...

Que guay!! Sonia, contado por tí, es como si estuviese allí. Sigue contando y poniendo fotos, y no te olvides, el próximo lunes a las 8:15 en antena 3. No me lo pierdo por nada del mundo.
Un besazo

Ana

Luisa dijo...

Qué idea! Quiero la música de El Padrino para el polito!!!

Un beso, guapa.

acróbatas dijo...

Tengo tantísimas ganas de ver ese país... ayyy, presiento que me vas a dar mucha envidia.

Un besín!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...