miércoles, 22 de agosto de 2007

Egipto, día 2 (primera parte)

A diferencia de la ciudad de El Cairo, en la meseta de Gizeh sopla un viento caliente y engañoso y pronto se siente el calor con toda su fuerza.

Aunque parezca un tópico, cuando uno se coloca junto a la pirámide de Keops –la única de las maravillas de mundo antiguo que aún se encuentra en pie- se siente una hormiga. Una hormiga que forma parte de un desenfrenado hormiguero de autobuses, camellos, policía turística, taxis, visitantes a pie, flashes y vendedores ambulantes.

Desde la terraza del hotel parece como si El Cairo, su contaminación, su prisa y su dejadez fuera a terminar engullendo las pirámides pero, una vez a su lado, cuesta trabajo pensar que, si los siglos y la arena no han podido, algo pueda engullirlas.

Son construcciones tan descomunales que el propio Napoleón afirmó que con las piedras de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos habría material suficiente para construir una muralla de tres metros que rodeara toda Francia.

A pesar de que nos recomendaron no hacerlo, porque no hay absolutamente nada, entramos al interior de la pirámide de Kefrén.

La sensación es claustrofóbica e insoportable por el calor y la humedad.

Primero hay una pendiente bastante pronunciada que se hace con mucha ilusión a pesar de lo estrecho del camino, hasta que se llega a una especie de descansillo de donde parte otra rampa ascendente que se hace ya con la ropa empapada en sudor y una gran sensación de agobio.
Todo el mundo bromeaba con la escena de Indiana Jones en la que huyen de una piedra enorme.

La verdad es que hubiera sido el colmo.

En la cámara del sarcófago, nada.

Sólo la satisfacción de haber llegado al corazón de la pirámide.

Para salir a la calle hay que desandar el camino y el calor y el sudor son tan terribles que la sensación, una vez fuera, es de frescura.

Allí, en la puerta, con la lengua fuera y la ropa pegada, un vendedor quiso divertirnos con el mito de negociar con Héctor mi cambio por unos cuantos camellos.

Estaba tan agotada y sudorosa que con un hamster hubiera sido suficiente.

3 comentarios:

Javier Herce dijo...

Jo, qué pena que sólo nos hayamos podido ver un minuto....

Labegue dijo...

¿Cuántos camellos vales Soni? Qué por mí en Tunez dieron 2000, no me dejes mal, eh?, jajaja.
Sigue contando, que seguimos leyendo.

Anónimo dijo...

Guapa que peaso de viaje.Besossss.

David Grau

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...