viernes, 24 de agosto de 2007

Egipto, día 2 (segunda parte)

El calor nos acompañó hasta La Esfinge.

La vista de todo el conjunto es grandiosa.

A nuestro alrededor, los niños vendedores de escarabajos y de pañuelos estilo saudita colaban sus escuálidos brazos entre la verja destartalada al grito de: un Euro, un Euro. Grito que se convertiría en la letra machacona de la canción de nuestro verano particular.

La policía turística con sus camellos desdentados echando a jóvenes que se acercaban a lomos de jamelgos escuálidos.

Vendedores de agua fría y de sombreros hablando mil idiomas y analizando nuestra fisonomía sudorosa para caernos simpáticos con frases como: hola Pantoja o viva España.

Y La Esfinge, con su mirada ausente y altiva y su nariz amputada, como un perro enorme y apacible que observa, sin inmutarse, tumbado al sol, cómo continúan con su vida los insectos del jardín.

Después, un té frío en una tienda de papiros, con una breve clase sobre su fabricación. Y un vendedor al que tratábamos de dar esquinazo, pegado a nuestro cogote recorriendo la tienda, por la que íbamos buscando las rejillas del aire acondicionado.

Mientras el muecín llamaba a la oración, montábamos en la furgoneta rumbo a Memfis y a la necrópolis de Sakkara por una carretera imposible llena de coches y carros en sentido contrario, paralela a un ramal infectado del Nilo, donde los niños se bañaban ajenos a la basura y a los cadáveres del ganado ya inservible.

El río, sucio; el valle, fértil; los pueblos, destartalados; más allá, el desierto.

2 comentarios:

Labegue dijo...

Me encanta cómo lo estás relatando. Un beso.

lanobil, dijo...

Cómo me gustaría ir. Pero nos da bastante miedo, ya sabes, el eterno conflicto entre árabes y occidentales. Por ahora me conformaré con tus fotos. Un saludo y espero que puedas visitarme.

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