lunes, 6 de agosto de 2007

Vuelvo (paréntesis)

Vuelvo, y me agarro a este tronco a la deriva, a este intermedio de viajes.

Y abro el buzón y lo encuentro repleto de facturas, y abro el correo electrónico y leo sesenta y seis mensajes.

Después revisito algunos blogs y muchos me hacen sonreír porque compruebo que la gente sigue creando, avanzando y también vuelvo a recordar que me conmueven los bloggers que se responden a sí mismos con la misma fuerza con la que me compadezco de un transeúnte con mirada de loco que habla solo por la calle.

Vuelvo, digo, y la casa huele a madera, como si no fuera la mía, como si fuéramos intrusos y entrar a este lugar de persianas bajadas fuera una habitación más de otro hotel.

El frigorífico como único lugar iluminado, deslumbrante y vacío.

El ordenador al que no he echado de menos, cerrado a cal y canto, informándonos de que hemos ganado nuestra primera subasta en Ebay.

Ahí estamos, cayendo en las redes de todo aquello que nos pasa por delante, como un banco de peces bobos.

Hoy he vuelto a casa, pero también he vuelto a Granada.

Después de ocho años.

Tan igual y tan distinta, como yo misma.

Leía esto mismo en Calderería Nueva en una baldosa con caligrafía árabe:

no vemos las cosas como son, sino como somos.

Así de simple y así de complicado.

Por eso, entonces Granada me daba miedo aunque me abrió las ventanas del mundo.

Yo era un proyecto de mujer agazapada en una habitación oscura a la que la luz del día le hacía daño en las retinas.

Pero pronto me acostumbré al sol.

Ahora la ciudad me ha parecido más ordenada y diferente siendo la misma.

Han limpiado la estatua del Chorrohumo y la del morito de la entrada a Realejo y están arreglando la fachada de la Corrala de Santiago.


Han desaparecido algunas teterías, han abierto otras nuevas.

Todo fluye con otro orden ahora.

Sin embargo, volví a llorar en Sacromonte.

2 comentarios:

Labegue dijo...

Nunca está de más volver al sitio que te vió nacer..., aunque entonces no fueras una niña de pecho.
Tienes la lagrimilla fácil, no cambies eso, eres genial así.
Un beso.

Ana

Adrián Argente dijo...

Me alegra que la ciudad parezca más ordenada a los ojos que vuelven y que no la han visto en un tiempo. Supongo que, desde dentro, todo cambia a un ritmo tan lento que se hace imperceptible.

Saludos de alguien que acaba de descubrirte.

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