domingo, 28 de octubre de 2007

CAMINANTE NO HAY CAMINO
Y eso que cuando entras por la Rúa Vieja todo te parece idílico y vas escuchando tus pasos entre el empedrado y recuerdas la jota de Pepe Blanco al pasar por la puerta del edificio donde un día estuvo la casa en la que nació. Miras enfrente entonces y ves, chiquitita, chiquitita, la ermita de San Gregorio y, más adelante, la puerta trasera de la iglesia de Palacio con su aguja imperial apuntando al cielo.
Entras al albergue del peregrino en busca de alojamiento, pero descubres que ya está lleno y te sugieren que camines un poquito más hasta la parroquia de Santiago donde probablemente puedas pernoctar.
Entonces la Rúa Vieja te va enseñando que en Logroño, el Casco Antiguo es eso, un casco, un trozo, un fragmento de historia apenas visible entre los montones de escombros de los solares abiertos por el derrumbe de los edificios.
Se erigen en el centro insolentes postes de chapa resaltando, con letras gigantes, la labor que las promotoras inmobiliarias llevarán a cabo en los próximos meses.
Observas antiguos letreros renegridos por el paso del tiempo, casi invisibles, sobre los dinteles de las puertas, anunciando negocios que un día fueron prósperos,
Echas un vistazo al interior de La Reja Dorada para compensar la visión del deterioro de la Casa de la Virgen.
Sigues andando con tu mochila, tu bastón y tu vieira y hueles inevitablemente la pestilencia a orines de la Calle Cerrada.
Cruzas la Calle Sagasta, con su Casino de diseño a pie de carretera. Con la cara recién lavada para que no pueda adivinarse lo que tiene detrás. Como un hombre sin ducharse que viste ropa de domingo.
A los pies de Barriocepo, el juego de la oca que decora las baldosas de la plaza junto a la Fuente del Peregrino está viejo y desconchado pero te consuela la visión de la Iglesia de Santiago, en cuyo albergue tendrás tu merecido descanso.
Pero está lleno y tu ánimo se ve reflejado en los edificios apuntalados que tienes ante tus ojos y te sientes tan hundido como las casas que un día debieron ocupar todos los solares que te vas encontrando.
A ver si en el albergue de Navarrete tienes más suerte.

Foto extraida de http://www.jorgetutor.com/

Artículo aparecido en el número 946 de la revista De Buena Fuente. 19 de octubre de 2007



1 comentario:

kasi_siempre dijo...

Me encanta La Rioja y me gusta mucho Logroño. Hará cosa de un par de semanas estuve por allí, también en Ezcaray. Ayer y hoy aparece en mi fotolog, precisamente, una foto del puente sobre el Ebro -http://www.fotolog.com/samar_kanda. Me parece un destino la mar de acogedor, lo mismo que Zaragoza -no lo digo porque esto esté sembrao de riojanas y mañas, jajaja...-. Es fundamental para que un sitio te acomode y te encuentres a gusto en él, que no te sientas extraño cuando caminas por sus calles y entras en sus bares -por cierto, en ambas ciudades hay mogollón de ellos ¡que viva el Laurel!-, que no tengas la sensación de ser un turista que profana algo al irrumpir en la vida diaria de los ciudadanos del lugar que visitas.
Bonita crónica.
Un besillo, Sonia.

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