lunes, 1 de octubre de 2007

Odio las adulaciones gratuitas,
las palabras livianas de un cariño
falso y vacío como un pozo seco
que pretenden un no sé qué de mí.
Un no sé cuánto.
Pido a mis ojos que sigan alerta,
a mis oídos que estén despiertos,
a mi tacto que deje de serlo
cuando corresponda
y a mi olfato verles venir
con sus halagos.
Y caminar entre sus argucias
con la cabeza erguida
y la sonrisa franca.
Que si quieren venir,
vengan conmigo
pero que eviten cabalgar
sobre mis hombros
porque hallarán
mi desboque y mi carrera
y comerán mi polvo
mientras huyo.

3 comentarios:

Justo dijo...

Lo hago mío también... y los veremos venir, siempre acaban descubriéndose...

Un besico

Labegue dijo...

ufff, no me ha gustado nada. jejeje

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

hallaremos tu desboque y tu carrera?

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