viernes, 19 de octubre de 2007

Porque sigo siendo una Blancanieves enana
a la que siguen dando de comer
manzanas con veneno al mediodía
y las come sin protestar
por si, con el ayuno,
merma el cariño.
Y a veces levanto la voz
para que la droga
sea menos mortífera
y la madrastra menos bella
y el espejo menos viejo
y el corazón menos seco.
Por todo eso lloro,
a veces sin que me veas,
cada vez más en público,
porque los afectos ya no me encogen
y el pudor ya no me vence.
Y me sé pequeña
pero me sé valiente
y el llanto me hace humana
y tú te ríes,
pero nunca falta
quien lo hace suyo
y no me abraza,
pero me enciende el cigarro
o me cuenta un chiste
o me habla del tiempo que hizo anoche
y entonces el llanto cesa
y la sonrisa se expande
y el poema se escribe
con letras de fiesta.
Y yo sigo teniendo madrastra
y manzanas con veneno,
sigo siendo una Blancanieves enana
con los ojos miopes
pero soy dueña de mis segundos,
de mis llantos vespertinos,
de mis sonrisas ajadas
y de mis orgasmos.

3 comentarios:

acróbatas dijo...

Ufff, alguno de tus versos me ha tocado de forma especial, como siempre que te leo.

El resultado: increíble. De verdad, es una suerte haberte encontrado y que podamos descubrirte, maravillosa, con cada pedacito que nos regalas en este blog mientras esperamos tu próximo libro.

Un besito.

kasi_siempre dijo...

Diga usted que sí... valiente y enana pero humana. El mejor boicot que se le puede hacer a las madrastras envenenadoras con manzanas, es ese precisamente: ser dueña una misma de su vida -y sobre todo de sus orgasmos, faltaría más...-
Besote, artista!!

Labegue dijo...

No creo que te puedan las madrastras. Vayan disfrazadas de lo que sea, lleven manzanas, peines envenenados o lo que sea. Seguro que las ves venir.
Ayyy!! A mí cada vez me cuesta menos llorar también.

Ana

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