martes, 13 de noviembre de 2007

La técnica Ludovico

Me arde un dolor de cobardía en la parte derecha del vientre.
Tan cobarde que no se atreve a convertirse ni en el silencio de mis teclas.
Él sabe que yo sé cuál es su nombre pero también sabe que no me atreveré a pronunciarlo.
Al menos de momento.
El dolor es listo y se agarra con uñas sucias a las paredes de mi hígado.
Sabe que si intento arrancarlo también me arrancaré las vísceras.
Es un riesgo que debo asumir porque se enquista y engorda y lo voy notando noche tras noche.
Y aprieto los dientes cuando se clava como un anzuelo al invadirme el odio pero me lo callo.
Y siento cómo se infla cuando tengo rabia pero sólo sonrío.
Como si ese dolor redondo y viscoso tuviera el terrible poder de reprimir mi lado oscuro.
Pronto diré tu nombre en voz alta y empezarás a sentir quién manda entre mis tripas.


6 comentarios:

acróbatas dijo...

Tienes fuerza, a veces tienes mucha fuerza, otras eres dulce y tierna, y otras eres las dos cosas a la vez, por eso me gusta tanto leerte...

Plas, plas, plas, plas...

Mil besos, Sonia!

Anónimo dijo...

Joer,pero como me gusta lo que has escrito.

David Grau

Besotes

Justo dijo...

Un besazo

Me sigue gustando todo lo que escribes.. ;-)

kasi_siempre dijo...

Estoy de acuerdo con Vanessa, pasas de la ternura y de la dulzura, a expresar las sensaciones con sutileza pero en el tono más heavy e hiriente que encuentras. No todo el mundo dispone ni sabe utilizar todos esos registros.
Muy bien, Sonia. Me gusta.
Un besazo, riojana. :D

Ignacio dijo...

Cuando el dolor asoma, el primer sitio al que miramos es a la familia. La Oda de Cranberries, sencilla en su música y letra, consigue aflorar la nostalgia que Guillermo Ortiz nos relata en esa magnífica entrevista que comentas ahí abajito.
La vida te tiende una alfombra de raso para que pases de la familia en la que te criaste con felicidad, amor y apoyo a la familia que has creado en la que tienes que aflorar la felicidad, regalar el amor y educar con apoyo. El gran problema es que no quieres salir de la alfombra porque necesitas a las dos familias y no sabrás vivir con una sola.
Gracias por tu Blog, Ignacio

MARIAN dijo...

Qué bonito escribes, jodía :)

muá

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