martes, 25 de diciembre de 2007

Los padres de Luis llevaban juntos desde los dieciséis y se casaron con veinte años. Luis vino con ellos en la barriga de su madre del viaje de novios a Canarias.
No sabían muy bien como tratar a un niño, ni sabían tampoco cómo llevar la convivencia en pareja y ni siquiera qué querían para sí mismos.
La madre de Luis dejó de trabajar para cuidarle, el padre trabajaba en tres sitios distintos.
Cuando Luis empezó la escuela, le dieron un hermanito.
Los educaron básicamente con el "cállate niño", "eso no se toca", "eso no se dice", "eso no se hace", la bofetada, el grito histérico, el zapatillazo en el culo y el "cuando seas padre comerás huevos", como a la mayoría de sus compañeros de curso.
En la adolescencia, Luis y su hermano fueron unos chavales pelín rebotados, pero no se salieron demasiado de madre y consiguieron acabar una carrera que a sus padres les pareció un poco inservible.
El padre de Luis los puso a trabajar con veintiún años en el taller mecánico de un viejo conocido, porque los libros están muy bien, pero la vida es la vida y había que trabajar duro.
Los padres de Luis tenían ya unos ahorrillos a base de tantos años trabajando y se compraron un piso a modo de inversión.
Les costó 15.000.000 millones de las antiguas pesetas y lo vendieron, poco después, por el doble a una parejita de recién casados.
Los padres de Luis hicieron un viajecito al Caribe y el resto lo pusieron a plazo fijo en el banco.
A los cuatro años de aquello, Luis se sintió mayor y quiso comprarse un piso.
Desechó la opción del alquiler por no oír constantemente a sus padres llamarle tonto por tirar el dinero en algo que no iba a ser nunca suyo.
Pero ganaba 900 euros y en los bancos nadie le concedía la hipoteca de 180.000 euros que necesitaba.
Su padre le decía que la vida era eso, que se buscara un trabajo para cuando saliera del taller y Luis se puso a trabajar de camarero los fines de semana.
Así consiguió que le concedieran la hipoteca, pero no podía dejar la casa de sus padres hasta que no reformara totalmente la vivienda y los gastos mensuales fijos fueran mínimos.
Luis cumplió los veintiocho y seguía en casa de sus padres escuchando cada día, a la hora de comer, monsergas como “yo a tu edad ya tenía dos hijos”, “ahora no os vais de casa porque las madres os miman demasiado y os han vuelto inútiles” “la juventud de ahora lo que tiene es mucho vicio” “quién te va a aguantar a ti”...
Por la tarde, después de la comida, el padre de Luis jugaba la partida en el bar del barrio, mientras se regodeaba con sus amigos del gran negocio que había hecho con la venta del piso.
Luis está harto de ser dependiente de sus padres, pero cuando le preguntan en la calle, él siempre responde riendo que la comida de su madre es estupenda.
En el fondo, está hasta las pelotas.

9 comentarios:

guevofrito dijo...

como me alegro de no llamarme luis. yo soy independiente dependiente de mis padres. como cuando en "el jueves" salia "el viernes" y ponia algo asi como "semanario independiente dependiente de el jueves"

PedroP. dijo...

Pues aunque yo procuro no ser así con mis hijos, creo que la historia que cuentas sobre este chico es el fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde los padres queremos seguir ejerciendo como tales y tener hijos dependientes de nosotros aunque nos quejemos de ello.
A lo mejor esta es una estratagema para que no nos deis de lado o de seguir llevando las riendas sintiéndonos útiles o poderosos o vaya usted a saber qué queremos sentirnos. Esto tendrían que analizarlo los psicólogos o los sociólogos.
Al fin y al cabo es mi generación la que gobierna, la que estipula los salarios y la que ha tenido la ocasión de especular con el suelo y con las viviendas. Ese panorama es el que vosotros os habéis encontrado.
No es tan rara la historia de Luis, por desgracia.
Ya tenéis años para tomar el relevo y no os lo permitimos.
La verdad es que me has hecho pensar mucho esta vez.
Un abrazo.

Labegue dijo...

Bueno, y dónde queda lo que nosotros elegimos. Los padres tienen la obligación (o tenemos la obligación) de dar lo necesario a los hijos para crecer. En cuanto ellos sepan crecer, sabran decidir por si mismos, si quieren trabajar aquí o allá, si quieren vivir de alquiler o no y todo lo demás dentro de las posibilidades de cada uno.
Así me lo aprendí yo.

Besos

PedroP. dijo...

pero lo que queiro decir, e incluso el texto creo (por favor, Sonia, aclaralo si puedes) que quiere decir es que hay cosas que ya vienen dadas.
Es cierto que uno puede elegir en trabajar aquí o allá o vivir o no de alquiler, pero a veces la presión que se ejerce desde casa es tan grande que uno sabe que puede elegir unas cosas y que es mejor no elegir otras sólo por encontrar la aprobación de los padres.
Esto te lo digo yo ya no como padre, sino como hijo, y sé de qué me hablo, creeme.
A veces preferimos decir que sí a una decisión paterna que elegir por nosotros mismos sólo por evitar un enfrentamiento o un mal gesto o el rechazo total de nuestra familia.
Cada uno sabe lo que tiene en casa y no todos hemos sido o somos tan valientes ni tan perfectos como para romper con todo aunque nos gustaría.
Si ustedes han podido, mi enhorabuena.

Labegue dijo...

Ni perfecta ni valiente, los que me conocen lo saben, miedosa e insegura pero categórica hablando por si las moscas, jejeje. Pedro, he entendido perfectamente, sólo escribo eso para no perder el rumbo, y recordarme a mí misma, como madre que soy, que los hijos no son míos, yo sólo soy su madre, y ellos son personas independientes con la capacidad para decidir por si mismos.
Si yo te contara..., mis únicas valentías han sido ir a comprarme los muebles sin mis padres (juro que en las tiendas vi a parejas de 6 jejeje), y comprarme una casa sin decírselo a nadie. Pero bueno, he de decir algo a favor de mis padres. Jamás me han impuesto nada, siempre me han dado toda la libertad para decidir lo que quería hacer, y aunque no hayan estado deacuerdo con la decisión, siempre me han apoyado y respetado. Lo he tenido fácil, y no les he salido tan mal ¿no?
Besos a porrillo

Ana

Marian dijo...

besito preciosa!! Gracias por acordarte de mi!!!

Sonia dijo...

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.
A petición de PedroP. aclararé que el texto en sí mismo sólo pretendía ser un batiburrillo de mil historias que vengo escuchando últimamente y de las que me sorprendían las coincidencias viniendo de personas muy dispares.
Luis es mucha gente a la que conozco, mucha que no conozco y un poco yo, para que negarlo.
Pero lo más interesante del texto es que ha generado debate y eso es siempre de agradecer.
Un beso fuerte para todos!

acróbatas dijo...

Es justo lo que iba a decir, Sonia, que Luis también soy un poco yo... Y aunque es cierto que los padres sólo nos "encarrilan" y a partir de cierta edad somos nosotros los que decidimos... también es cierto que a veces la "losa de los padres" pesa tantísimo que es imposible sacártela de encima fácilmente...

Y menos mal que me deja escribir de una vez porque mi conexión a internet es pésima y me tiro horas para poder abrir una página!!!!


Besitos a todos.

edgardrg dijo...

¿No somos todos en algún momento como Luis?
A veces la vida nos sorprende con los pantalones abajo.
Pareciera a veces que las cosas nunca cambian para algunos y para otros la vida es más difícil.
Mi madre me tuvo a los 27, yo tengo 30 y me aterroriza la idea de tener un hijo y enseñarle la diferencia entre el bien y el mal. Es escalofriante el pensar en enseñarle a un niño a caminar por la vida, cuando a veces siento que yo mismo gateo.
¿No fuimos como Luis en algún momento?

Me encanta tu blog.

Saludos.

Edgard.

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