martes, 30 de octubre de 2007


El molinero cansado quiere volver a su casa.
Se le acercan en silencio
una hilera de gentes con velas encendidas.

-Écheme una mano, amigo, que no puedo con la carga.
-Detrás vendrá quien te ayudará.
-Compañero, ten piedad, que no puedo con mi saco.
-Detrás vendrá quien te ayudará.

-Da flores a los muertos.
-¿Por qué, madre? ¿Les gustan?
-Calla, ponlas sin chistar
y tápate el cuello con la bufanda.
-¿Por qué pones velas, madre?
-Ay! Hijo, si supieras
que ni yo misma lo sé.

Retumba el campanario de la aldea.
Los dos pastores se acurrucan
debajo de un árbol en la dehesa.
Se estremecen, tiemblan.
El perro aúlla a la luna.
Bajo una manta de cuadros,
rendidos, duermen.

Las calabazas destripadas
con sonrisas a navaja
llevadas por los niños.

El esqueleto tumbado
en la vieja iglesia.

Las campanas tocan a difuntos.

-¿¡Truco o trato!?
Se echa la niebla entre caramelos.

Antiguos hombres
celebran el año nuevo
y honran a la noche.

-Detrás vendrá quien te ayudará.
-Yo te ayudaré, tranquilo.
-¿Por qué todos llevan vela menos tú?
-Soy tu padre muerto,
es noche de difuntos
y aún no me la has encendido.

Feliz año nuevo celta. Feliz Samain


lunes, 29 de octubre de 2007

Dos poemas de Vicente Aleixandre

I

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista,
el periodista o simplemente el curioso.

No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para
su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice
admonitorio entre las tristes ondas de música.

Tampoco para el carruaje, ni para su oculta señora
(entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes).

Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que
corre por la calle como si fuera abrir las puertas a la aurora.
O ese viejo que se duerme en el banco de esa plaza
chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma,
le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.

Para todos los que no me leen, los que no se cuidan
de mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoran).

Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aventura,
viviendo en el mundo.

Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida,
paridora de muchas vidas, y manos cansadas.

Escribo para el enamorado; para el que pasó con su
angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que
al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando
preguntó y no le oyeron.

Para todos escribo. Para los que no me leen, sobre todo,
escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los
pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin
Oírme,
está mi palabra.

©Vicente Aleixandre
De: En un vasto dominio

II


Pero escribo también para el asesino. Para el que con
los ojos cerrados se arrojó sobre un pecho y comió
muerte y se alimentó, y se levantó enloquecido.

Para el que se irguió como torre de indignación, y se
desplomó sobre el mundo.

Y para las mujeres muertas y para los niños muertos, y
para los hombres agonizantes.

Y para el que sigilosamente abrió las llaves del gas y la
ciudad entera pereció, y amaneció un montón de cadáveres.

Y para la muchacha inocente, con su sonrisa, su corazón,
su tierna medalla, y por allí pasó un ejército de
depredadores.

Y para el ejército de depredadores, que en una golpeada
final fue a hundirse en las aguas.
Y para esas aguas, para el mar infinito.

Oh, no para el infinito. Para el finito mar, con su limitación
casi humana, como un pecho vivido.

(Un niño ahora entra, un niño se baña, y el mar,
el corazón del mar, está en ese pulso.)

Y para la mirada final, para la limitadísima Mirada Final,
en cuyo seno alguien duerme.

Todos duermen. El asesino y el injusticiado, el regulador
y el naciente, el finado y el húmedo, el seco
de voluntad y el híspido como torre.

Para el amenazador y el amenazado, para el bueno
y el triste, para la voz sin materia
y para toda la materia del mundo.

Para ti, hombre sin deificación que, sin quererlas mirar,
estás leyendo estas letras.

Para ti y todo lo que en ti vive,
yo estoy escribiendo.

©Vicente Aleixandre
De: En un vasto dominio

domingo, 28 de octubre de 2007

CAMINANTE NO HAY CAMINO
Y eso que cuando entras por la Rúa Vieja todo te parece idílico y vas escuchando tus pasos entre el empedrado y recuerdas la jota de Pepe Blanco al pasar por la puerta del edificio donde un día estuvo la casa en la que nació. Miras enfrente entonces y ves, chiquitita, chiquitita, la ermita de San Gregorio y, más adelante, la puerta trasera de la iglesia de Palacio con su aguja imperial apuntando al cielo.
Entras al albergue del peregrino en busca de alojamiento, pero descubres que ya está lleno y te sugieren que camines un poquito más hasta la parroquia de Santiago donde probablemente puedas pernoctar.
Entonces la Rúa Vieja te va enseñando que en Logroño, el Casco Antiguo es eso, un casco, un trozo, un fragmento de historia apenas visible entre los montones de escombros de los solares abiertos por el derrumbe de los edificios.
Se erigen en el centro insolentes postes de chapa resaltando, con letras gigantes, la labor que las promotoras inmobiliarias llevarán a cabo en los próximos meses.
Observas antiguos letreros renegridos por el paso del tiempo, casi invisibles, sobre los dinteles de las puertas, anunciando negocios que un día fueron prósperos,
Echas un vistazo al interior de La Reja Dorada para compensar la visión del deterioro de la Casa de la Virgen.
Sigues andando con tu mochila, tu bastón y tu vieira y hueles inevitablemente la pestilencia a orines de la Calle Cerrada.
Cruzas la Calle Sagasta, con su Casino de diseño a pie de carretera. Con la cara recién lavada para que no pueda adivinarse lo que tiene detrás. Como un hombre sin ducharse que viste ropa de domingo.
A los pies de Barriocepo, el juego de la oca que decora las baldosas de la plaza junto a la Fuente del Peregrino está viejo y desconchado pero te consuela la visión de la Iglesia de Santiago, en cuyo albergue tendrás tu merecido descanso.
Pero está lleno y tu ánimo se ve reflejado en los edificios apuntalados que tienes ante tus ojos y te sientes tan hundido como las casas que un día debieron ocupar todos los solares que te vas encontrando.
A ver si en el albergue de Navarrete tienes más suerte.

Foto extraida de http://www.jorgetutor.com/

Artículo aparecido en el número 946 de la revista De Buena Fuente. 19 de octubre de 2007



miércoles, 24 de octubre de 2007

Según esa fotografía de las estrellas en el momento del nacimiento de uno llamada Carta Astral, el día en el que nací tenía el sol en Aries y la luna en Escorpio.
Esta noche he visto mi luna número 31 enorme y desafiando los nubarrones y me ha gustado.
Hoy, como dice Marian, soy esta canción.

martes, 23 de octubre de 2007

Reincido y me muerdo las uñas como hacía años.
Las he dejado rasas, al filo del dedo.
Incluso más adentro.
Me muerdo también la piel de alrededor y contemplo mi extremidad treintañera con aspecto de mano adolescente.
¡Reincido en tanto!
Uno de mis primos comentó un día que teníamos personalidad adictiva y que por eso nunca deberíamos probar ciertas cosas.
Creo que nunca debería haber probado la tristeza.


domingo, 21 de octubre de 2007

Una copa con...Carmen Beltrán


Siempre es una gozada verla, charlar y tomar copas con ella.
Una excelente escritora y, ante todo, una gran persona.
Pasad por www.unacopacon.blogspot.com y comprobadlo por vosotros mismos.

viernes, 19 de octubre de 2007

Porque sigo siendo una Blancanieves enana
a la que siguen dando de comer
manzanas con veneno al mediodía
y las come sin protestar
por si, con el ayuno,
merma el cariño.
Y a veces levanto la voz
para que la droga
sea menos mortífera
y la madrastra menos bella
y el espejo menos viejo
y el corazón menos seco.
Por todo eso lloro,
a veces sin que me veas,
cada vez más en público,
porque los afectos ya no me encogen
y el pudor ya no me vence.
Y me sé pequeña
pero me sé valiente
y el llanto me hace humana
y tú te ríes,
pero nunca falta
quien lo hace suyo
y no me abraza,
pero me enciende el cigarro
o me cuenta un chiste
o me habla del tiempo que hizo anoche
y entonces el llanto cesa
y la sonrisa se expande
y el poema se escribe
con letras de fiesta.
Y yo sigo teniendo madrastra
y manzanas con veneno,
sigo siendo una Blancanieves enana
con los ojos miopes
pero soy dueña de mis segundos,
de mis llantos vespertinos,
de mis sonrisas ajadas
y de mis orgasmos.

jueves, 18 de octubre de 2007

Tengo una pared de cal
algún espejo
roto, un tizón desgastado
algunas dudas
razonables, tengo sumas
y saldos que pagar
cuentas de vieja
antiguas telarañas
en penumbra.

Tengo un boli de bic
tengo papeles
en blanco que rellenar
tengo narices
de decir lo que pienso
algunas veces,
tengo agallas cobardes
y varices.

Tengo discos rayados,
dos guitarras
que suenan a la humedad
de un cuarto oscuro.
Un trabajo alienante.
No tengo un duro
y tengo ganas de echarle
un buen polvo al futuro.

Tengo sueño a las ocho,
insomnio cuando duermes,
tengo ganas de hablar
cuando te callas,
tengo una boca roja
llena de dientes
para comerme la vida
a dentelladas.

Tengo tres ovejas
en una cabaña.
Comen como limas
y no me dan lana
ni para un ovillo,
ni para una manta.
Tengo, tengo, tengo,
tú no tienes nada
que hacer esta noche
lo veo en tu cara.

Tengo un par de zapatos
un billete doblado
con ganas de cambiarse
por cerveza,
tengo un coche alquilado,
tengo tristeza
a borbotones
pero tengo ganas
de bailar
en algún antro
donde alguno aún pinche
a los Estones

miércoles, 17 de octubre de 2007

Es increíble lo difícil que a algunos les resulta ser naturales.

Por eso, cada vez valoro más el sentido del humor en las personas (en las zarigüeyas ya no lo valoro tanto, fíjate tú).

Lo gracioso es que mucha gente confunde el sentido del humor con echarse unas risas, pero los detectas en cuanto les haces un juego de palabras ingenioso y se te quedan mirando como las vacas al tren, porque no lo pillan ni después de estar trescientos años empollándose todos los videos de nochevieja de Martes y Trece y, por no reconocerlo, porque les has herido en su orgullo más profundo, te saltan algo como:

-Chica, te da por decir unas cosas. Estás más colgadaaaa...Desde que vas con esa gente...Uff!


Luego están los que se ríen de todo.
Joder, me ponen de los nervios!
Esa risilla de hiena sonando como un martillo:

-Buenos días
-Bueeenaaas, jiji jiji jiji jiji jiji.
-Me pone cuarto y mitad de jamón de york, por favor.
-Sí, jijijijijijiji.
-Se le ha caído una loncha al suelo y me la está envolviendo con el resto.
-Ay, sí, jijiijiji, qué despiste!
-Pues me voy a cagar en su p... m....
-Fíjese qué bien, jijijijijiji...

En fin. La historia termina con una charcutera decapitada por la máquina de cortar salami.
Los "risitas" son tan dolorosos como los que no se ríen nunca, francamente.
Aunque los pobres lo hacen por agradar, no encuentro nada más desagradable...Bueno, sí, las uñas contra la pizarra, pero quitando eso, los "risitas".


El sentido del humor, como la maldad, implica inteligencia. Palabro difícil, donde los haya, que suele confundirse con cultura y no! Porque hay mil y un cerebritos con el craneo lleno de datos que no pillan ni un chiste de Jaimito.

Aunque parezca un topicazo, para tener sentido del humor hay que echarle narices y ser capaz de reírse del reflejo de uno mismo en el espejo.

Desternillarnos del patetismo propio y bajar al suelo con todo el cuerpo para rodar de risa por él porque somos, sin excepción, ridículamente divertidos.

Todos.

Hasta tú.

domingo, 14 de octubre de 2007

Esta mañana emulando a Bricomanía
nos hemos dado cuenta de que estamos a medio camino entre la pareja joven de Escenas de Matrimonios y la de en medio.








Menos mal que sólo teníamos que colgar dos cuadros porque si no hubiéramos acabado peor que los de Gran Hermano en cualquiera de sus ediciones, con un “tía, te quiero mogollónen el programa uno y un “o te vas tú o me voy yo” en la final.


¿Qué tendrán los taladros y los martillos que nos sacan todo el veneno?

No quiero ni pensar qué sería de nosotros trabajando juntos en una carpintería.

Mejor volvemos a nuestros libros y a nuestros ordenadores para que vuelva la calma.

Por cierto, los cuadros han quedado estupendos y nosotros no somos nada de lo que nos hemos dicho esta mañana.

Menos mal que nos reímos de todo.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Ayer vi Cinema Paradiso.

Una de las películas más conmovedoras que he podido ver.

Me preguntaba después cómo he podido pasar todos estos años sin verla aunque, quizás, ha sido mejor hacerlo ahora porque el tiempo, es lo que tiene, nos hace viejo el cuerpo, pero nos llena la mente de perspectiva para saber interpretar las múltiples lecturas que pueda tener una obra de arte.

Quiero volver a verla.

Eso seguro.

Que no se me escape ningún detalle.

Quiero que me martillee su melodía, que se me grabe en las retinas su cuidada fotografía, que resuenen en mis oídos los pasos de un Totó niño por los adoquines de Giancaldo, quiero volver a ver el polvo deslizarse entre el chorro de luz de la boca del león del Cinema Paradiso, sonreir con los rostros de los espectadores que ríen viendo a Chaplin, desear ver los besos censurados en blanco y negro y que un Alfredo ciego me toque la cara y me invite a abandonar Sicilia, como Ulises abandonó Ítaca, y regresar para morir de nostalgia y de recuerdos y reconocer el rostro ya arrugado de gente que un día fue cotidiana y que, ahora, me trata con un respeto distante y volver a abrazar a una madre que teje y desteje, como una Penélope abnegada, un jersey de años de isla, y sufrir mientras contemplo el derribo del Paradiso, como si con él se viniera abajo toda una época o la vida entera, y que el polvo de sus escombros me cubra por completo y se pegue a mi cara con la humedad de las lágrimas, como cenizas frías de un gran cadáver de películas eternas.

martes, 9 de octubre de 2007

Cuando uno contempla el mundo desde el asiento de un avión puede optar por elegir diferentes formas de comprender lo que tiene ante los ojos.

Puede abrir la mano mirando por la ventanilla y creer que los paisajes y las gentes que hay debajo le caben en la palma, o entre el pulgar y el índice, y que sólo su misericordia infinita puede librarles de verse aplastados entre sus yemas.

O puede optar también por hacer un esfuerzo y percatarse de lo insignificante de los mapas políticos, de lo absurdo de las fronteras y de lo minúsculos e idénticos que resultan los problemas cotidianos de cualquier lugar cambiando la perspectiva.

Yo ya he volado un poco y he vivido un ratito pero ahora siento que necesito tiempo para contemplar las líneas blancas de los aviones desde el suelo.

Será el otoño…

domingo, 7 de octubre de 2007

Un clavo en la sien, algunos vasos sucios, olor a tabaco y restos de comida en la cocina.
Tres camas deshechas, huellas de amigos, huellas propias que poner en orden.
Lavadora, aroma a suavizante, a detergente en polvo, a agua fresca.
Sábanas tendidas al sol del otoño, pasos silenciosos y manta en el sofá.
Tarde de domingo.
Canciones desafinadas, risas, besos en pijama, jamón serrano y Coca Cola Zero.
Alguna película llena de píxeles y sonido enlatado.
Llamadas de teléfono cargadas de alegría.
Estas son mis pilas.
Las que recargarán esta semana repleta de esperanza.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Ayer
preguntas,
sueños,
hipo,
callos,
cerveza,
símbolos,
letras,
videos horteras,
vino,
licor chino,
confesiones,
pacharán de guindas,
tabaco,
abuelos octogenarios,
proyectos,
libros
y buenos amigos.

Hoy
Coca Cola,
café,
agua fría,
tacones,
lluvia,
trabajo,
contención,
silencios,
disimulos,
cierta resaca,
teléfono,
pelo limpio
y cansancio sereno.

Mañana
jueves.

lunes, 1 de octubre de 2007

Odio las adulaciones gratuitas,
las palabras livianas de un cariño
falso y vacío como un pozo seco
que pretenden un no sé qué de mí.
Un no sé cuánto.
Pido a mis ojos que sigan alerta,
a mis oídos que estén despiertos,
a mi tacto que deje de serlo
cuando corresponda
y a mi olfato verles venir
con sus halagos.
Y caminar entre sus argucias
con la cabeza erguida
y la sonrisa franca.
Que si quieren venir,
vengan conmigo
pero que eviten cabalgar
sobre mis hombros
porque hallarán
mi desboque y mi carrera
y comerán mi polvo
mientras huyo.
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