miércoles, 9 de enero de 2008

Temuco

Mi padre se llama Paco por “culpa” de su tío Paco, pero muy poca gente conocía a mi tío por su nombre.
Sin embargo, si preguntabas en el pueblo por el Chileno todo el mundo sabía quién era.
Tenía una tienda grande con un mostrador que, con siete años, me llegaba a ras de flequillo. La tienda se llamaba Temuco, como la ciudad en la que vivió en Chile, aunque mi amiga Isabel creyera que era la abreviatura de “tenemos muchas cosas” porque de suelo a techo, pasando por las paredes, estaba siempre repleta de los utensilios más variopintos listos para la venta.
Tenía muñecas, chucherías, diábolos, combas, gomas para saltar, botones, hilos, cunachos de vendimia, alpargatas, cuadernos, bolígrafos, cebolletas, Dupis en vez de Donuts, la revista Nuevo Vale (la Super Pop la vendía la Berta), vasitos con refrescos, cigarros sueltos, litronas de cerveza de las que luego te devolvía el dinero del casco, pañuelos bordados, sal, azúcar, café, flashes, helados, cromos, las revistas del libro gordo de Petete, cuadernillos Rubio y Lamela y, lo mejor de todo es que podías comprar y decirle que lo apuntara, que se lo pagabas al día siguiente.
Él siempre estaba detrás del mostrador, en el lugar más próximo a la vitrina del escaparate, justo detrás de la parte en la que estaba la cámara de los helados.
Peinaba su pelo blanco hacia atrás y te miraba con sus gafas de concha negra con la elegancia, las formas y el acento de los que se impregnó en Chile y de los que nunca se libraría del todo.
Un poco más adentro de la tienda, también dentro del mostrador, tenía una televisión pequeñita ante la que siempre se sentaba mi bisabuelo Antonio a pasar la tarde.
Mi bisabuela Pepa, sin embargo, prefería sentarse en la calle a charlar con las vecinas y, cada vez que me veía pasar, le gustaba soltarse la peineta que le sujetaba el moño en una blanquísima y larga coleta estrecha para que yo la peinara mientras presumía de biznieta delante de las vecinas y yo me pusiera colorada.
No tengo recuerdo de la primera vez que vi a mi tío Paco, pero tengo el eco de las conversaciones de mis padres sobre él, sobre Chile como un lugar que estaba en el infinito o más lejos y sobre una tía y unas primas a las que aún no conocía, con nombres muy raros que nos escribían cartas en sobres con rayas rojas y azules.
La primera vez que volvió a Villamediana lo hizo con Estela y con Pili, sus dos hijas mayores. Yo no me acuerdo de nada de aquel día, pero debió de ser todo un acontecimiento del que hay fotos guardadas como oro en paño. Cuando fui creciendo veía las fotos que nos hicimos ese día y me parecía que mi padre y yo estábamos retratados con unos señores chinos.
Si vierais la foto lo entenderíais.
Siempre me llamaba “mi hijita” y no había día en que no pasara por la tienda al salir de la escuela.
Aquella manzana de casas era siempre un hormiguero de niños a las horas de salida de clase y nos juntábamos con las madres que terminaban de hacer recados en la tienda del Segis, en lo de mi tío el Chileno, en la carnicería de Moisés o que venían de comprar el pan de la panadería de los Ratoneros o de la del Chula.
Los chiquillos teníamos el extraño ritual de enturbiar la calma de la minúscula oficina de correos que estaba enfrente de la tienda de mi tío, preguntando a gritos “¿Hay carta, cartero? ¿Hay carta, cartero?” y, a veces, robábamos algún chicle Bubaloo de la furgoneta de Risi que estaba descargando siempre a la una y media donde mi tío.
Poco a poco las cosas fueron cambiando sin que nos diéramos cuenta. La pequeña oficina de correos cerró su puerta para trasladarse. Mis bisabuelos murieron casi sin hacer ruido y yo fui haciéndome mayor y dejando atrás el pueblo que había sido testigo de mi inocencia pensando que aquello siempre estaría allí para mí, que nada cambiaría.
Esta tarde hemos vuelto a pasar por la puerta de la tienda de mi tío Paco junto a él, esta vez acompañándole hacia el cementerio.
He mirado inevitablemente hacia la derecha y he cruzado la vista con un rizo del tiempo que se colaba detrás de los cristales y me hacía notar la mirada de mi tío detrás del mostrador, el murmullo de la pequeña televisión con mi bisabuelo delante, mi bisabuela sentada en el corrillo de vecinas con su vestido gris y su delantal negro y yo, muy niña, con la bata azul del colegio y el abrigo apoyado en la cabeza sólo con la capucha a modo de minisuperheroína improvisada.
Los fantasmas y yo nos hemos dado lástima mutuamente y nos hemos mantenido la mirada impasible, inevitable e intensamente entre la brumas de un pueblo que ya no lo es porque, como nosotros, desaparece irremediable engullido por una ciudad que lo devora como un tronco plagado de termitas.

15 comentarios:

Anilla dijo...

Cuéntame como te ha ido
en tu viajar por ese mundo de amor

Cuéntame como te ha ido
si has conocido la felicidad

Háblame de los que has encontrado
en tu largo caminar...

Parecia que estaba narrado por Carlitos, que bonito, no me digas que nosotras no hemos vivido los capitulos del cuentame aunque vayan una generación por detras.
"El chileno", podriamos compararlo con el Cervan.
Me encanta Soni, me encantan los homenajes que das cada vez que nos deja alguien. El tio Paco, "El Chileno" alguien que la gente de Villamediana nunca olvidará.

Justo dijo...

Triste, entrañable... pero que bonito lo sientes y nos lo cuentas Sonia. Con esas palabras justas, en el sitio adecuado, que caen como losas, que nos inundan de imágenes nítidas, reales... en las que tantas veces, nos vemos como protagonistas reflejados de esas historias.

Un beso gordo

Justo

acróbatas dijo...

Joder, Sonia, joder, me he emocionado...

Es un texto lleno de melancolía, de recuerdos maravillosos, risas cómplices, abrazos y besos, miradas y sueños compartidos... también lleno de tristeza...

Un beso muy muy grande.

morilandia dijo...

feliz año,
pasaba por aqui...

Labegue dijo...

Joer Sonia! Los pelos como escarpias. ¿Por qué no escribes una novela? ¿O un libro de cuentos? Y luego se lo dedicas al tío Paco. Prometo que estaré entre tus lectores.

Anónimo dijo...

Muy bonito, Sonia, y evocador. ¡Feliz año nuevo!


Diego Marín A.

Ignacio dijo...

Parece que el día va de nostalgias.
Da gracias por tener cosas tan preciosas que contar y por contarlas tan bien. Yo sería incapaz.
Cuando nos acercamos a lo pequeño o a lo cercano, ya sea la vida corriente de un pequeño pueblo o de un pequeño barrio, nos adentramos en el mundo dominado por el corazón y afloran nuestros sentimientos.
Gracias por tu "cuentín".
Saludos, Ignacio

guevofrito dijo...

ya no existira la oficina de correos de tu infancia pero es la mejor carta a las montañas andinas de villamediana que le podias mandar a tu tio. es el mejor relato que te he leido, y lo que me sorprende es real(por desgracia) y esta escrito unas horas despues del chungo camino al cementerio. flipo con tu memoria, que es en parte la nuestra. lo que decia anilla del cuentame ochentero es asi. ojala que sea el primero y ultimo homenaje postumo de este 2008 que escribes. hoy mas que nunca besos a cascoporro con sabor a boomer de cocacola.

edgardrg dijo...

Me hiciste recordar muchas cosas también de mi niñez.
De aquel pueblo que se fué para siempre y se llevó tantos recuerdos y personas.
Gracias por regresarme aunque sea unos minutos.
Que hermoso escribes, en verdad que sí.

Un gran beso y feliz año.

Edgard

Anónimo dijo...

Sonia me ha encantado,emocionado,transportado a mis recuerdos y metiendome un poquito en los tuyos.

Besos

David Grau

lunallena dijo...

Tienes el don de escribir divinamente. Trasmites alegría si estás alegre y tristeza si estás triste. Tú ya eres desde hace algún tiempo una de mis minisuperheroína con capucha preferida.

Un beso, Sonieta.

Toño

Marian dijo...

Que lindo volver a leerte y qué lindo escribs, jodía!!!

un besote

Sonia dijo...

Muchísimas gracias a todos por vuestras palabras y por seguir entrando por aquí cada día.
Un beso fuerte.

Chuchi villamediana dijo...

Tiempos aquellos, ya tan lejanos, aunque a veces nos parezca que fue ayer.

Un saludo, de un amigo que espera seguir leyendote durante mucho tiempo

BarbiSuperstar dijo...

Sonia, es impresionante tu relato,que bien escribes mujer! y me llega lo de tu tío y tus conexiones con Chile y Temuco que es una ciudad bellísima.

Cuando quieras, nos vamos pa'l sur de Chile!!!

Un beso grande guapa.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...