viernes, 8 de febrero de 2008

De toreros, pelusas y pipicanes

Me sorprende ver cómo, en ocasiones, nos obcecamos en culpar siempre a los políticos de todos nuestros males.
No seré yo quien los absuelva, Dios me libre, pero creo que sería honesto por nuestra parte mirarnos las entretelas y preguntarnos con sinceridad qué podríamos hacer nosotros para mejorar el lugar en el que vivimos.
Tal vez nos hayamos acostumbrado ya a las políticas paternalistas que los gobernantes pretenden ejercer sobre nuestras conductas y nos hemos convertido en unos niños consentidos y cabroncetes que sólo se portan bien cuando los vigilan papá y mamá. Así, si no hay una norma que prohíba ciertos comportamientos, nosotros nos pasaremos el civismo y la educación por mismísimo arco del triunfo de París saludando al respetable.
¿Que no están los municipales? Pues ni me molesto en poner los intermitentes que igual cojo agujetas en la muñeca.
¿Que hay 42º a la sombra en agosto, tengo el cubo de la basura lleno en la cocina y mi marido se va a echar la partidita al bar de abajo? Pues que se lleve la bolsa, total no hay nadie en la calle que lo pueda ver. Con esta chicharrina...
¿Que tengo que regar los tiestos y la gente pasa por debajo del balcón dando un paseo? Pues que se vayan a pasear al Parque del Ebro, que mis geranios están más secos que la mojama y en mi balcón mando yo.
¿Que tengo que sacudir las alfombras el sábado a las doce del mediodía y la calle está llena de viandantes? Pues las sacudo, no te fastidia, aunque les caigan en la cabeza pelusas del tamaño de un gato de angora. Si es que la gente se queja por cualquier cosa, chica. Además, si enciendo el aspirador consumo energía y ya habéis oído en la tele que está la cosa muy malita con lo del cambio climático.
Y, ¿qué planes tienen las familias logroñesas para el invierno? Pues mira, dos. Fundamentalmente los planes se llevan a cabo en las cafeterías y en los centros comerciales. En estos últimos se reúnen clanes con dos aficiones principales. Por un lado nos encontramos con la familia aficionada a los toros que llega al centro comercial a pasar la tarde y, según se abren las puertas automáticas grita: ¡Viva San Fermín! Y sus niños empiezan a correr por los pasillos embistiendo a cualquier ingenuo con el que se topen.
¡Y no se te ocurra ponerle mala cara al churumbel! ¡Lo más sagrado! ¡Sangre de su sangre! Porque vendrá padre coraje a torearnos sin capote... Luego está la familia Fórmula Uno. Que hace lo mismo pero en plan Pole Position.
En ambos casos los gritos rompe-tímpanos de los críos están garantizados.
¿Que tengo que sacar al perro a dar una vuelta excrementosa por ahí? Pues hay, también, dos opciones:
Una, si salgo por Logroño, llevarlo al pipi-can o coger los pastelitos en una bolsa de plástico si no le da tiempo de llegar. Insisto en lo de estar en Logroño, porque aquí te miran mal si no lo haces, o te multan, que es peor. Que se han puesto de un quisquilloso que no hay quien los aguante.
U otra, subirme a vivir a Villamediana, que cuestan más baratos los pisos y hasta llega por correo el De Buena Fuente y, además, me han dicho que allí puedo sacar a mi chucho aburguesado a que plante los pinos por donde le salga de su mismísimo ano perruno.
Total, aquí no me riñen papá y mamá.
Soy más majo...
Artículo aparecido en la revista De Buena Fuente del 8-02-08

2 comentarios:

Labegue dijo...

Creo que hay de las dos partes ¿no? Por un lado, falta de respeto a los demás en todas esas cosas que dicen, y por otro falta de tolerancia y un exceso de gente quisquillosa que se queja por todo.
Estamos muy acelerados, y así nos va. Civismo, sí, tolerancia también, otro día puedes ser tú el que meta la pata.

Otro beso (y van 3)

Anónimo dijo...

Raz�n no te falta no.

Besos

David Grau

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