lunes, 21 de abril de 2008

No hay que buscar el lujo entre las joyas o en los perfumes franceses.
El lujo, a veces, se sienta junto a ti en una mesa a comer contigo migas de pastor o manzana con aceite de oliva y a charlar de poesía o de la vida.
Gracias Jesús por enseñarnos lo grandes que sois los grandes.

6 comentarios:

Marian dijo...

Me quedo con esos lujos, los de los oídos, los de las buenas conversaciones..

:) Estas muy guapa, hay algo en ti que me resulta familiar!!

Un besazo

kb dijo...

Tremendo, la verdad, un autor gigante (y coqueto, qué me decís de esa mirada de galán), todos a buscar su último libro "Fue". Acojonante.

saturni_ana dijo...

Qué bonita y feliz se te ve ;)

Labegue dijo...

Claro, un lujo...leerte, jajaja

Besos

acróbatas dijo...

Que bien lo cuentas en tan pocas palabras...

y te brillan los ojitos...

besos de regreso (puf)

Anónimo dijo...

Que razón tienes.El mayor lujo es como lo cuentas.

Un lujo el poder leer este blog y dos de las compañeras que escriben ahi arriba.

Besos

David Grau

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