miércoles, 2 de abril de 2008

A veces siento que las mejores reflexiones las hago cuando no puedo escribir.
Cuando voy corriendo de un lado para otro cargada de prisa y observo a la gente saliendo y entrando de las tiendas, eligiendo zapatos o tomando una cerveza.
Me gusta imaginar cómo son sus vidas por su forma de actuar o de vestir y así convertirlos en seres más familiares y accesibles y no solamente en ellos, en los otros, en los que no son yo.
Imagino que la chica de coleta lacia y de abrigo marrón está triste porque no sonríe a la cajera y va arrastrando los pies con la cabeza hacia adelante al salir del súper. O que la chica de pelo azul y rosa que compraba lentejas se siente fuerte y atrevida con su nuevo look pero la imagino en pijama de franela recién levantada y me parece un peluche desvencijado. También pienso en la reponedora, que antes trabajaba en una librería, y pienso si será más feliz aquí, trabajando todos los fines de semana del año y parte de los puentes.
O en los niños que esperan montados en el caballito de la puerta, inmóvil porque nadie le ha echado una moneda, a que salgan sus padres cargados de bolsas y gritándoles que se van a casa.
Los imagino adultos recordándose subidos en el caballito del súper.
O cuando veo a antiguos compañeros de colegio con bastante menos pelo que entonces o más arrugas o más michelines o más cartucheras empujando un carrito de bebé con cara de señores. Me pregunto si yo también tendré cara de señora o si esa cara sólo se te pone una vez que adquieres el estatus de padre.
Me miro al pasar en un escaparate y me sigo pareciendo más o menos la que era pero con los ojos más cansados y menos vivos que entonces.
Habría que preguntarles a ellos. Yo prefiero seguir imaginando.

4 comentarios:

Marian dijo...

"Me miro al pasar en un escaparate y me sigo pareciendo más o menos la que era..."

Eso es lo importante, la forma en que tú te ves.

Un besito guapa

Justo dijo...

Es verdad lo que dice Marian... lo esencial, es que uno se siga reconociendo.

Besos

Justo

Anónimo dijo...

Estoy con marian..

Besos

David Grau

CARMEN dijo...

Pero a veces el escaparate no te devuelve el reflejo que tu esperas, para bien o para mal. Y en algunas ocasiones no sabes en que momento perdiste tu reflejo.
En otras en cambio la imagen que te devuelve es aún mas brillante y más duradera quizás sea gracias al estatus de padres, esto me hace pensar esperanzada, que mi imagen seguira reflejada aunque yo ya no este....
Besos.

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