lunes, 12 de mayo de 2008


Esta tarde de domingo
una Luperca aldeana
amamanta a cinco cachorros
obesos e insaciables
llenos de pulgas.

Está rodeada de huesos
y de rastros de la comida del día
plagados de moscas.

Tiene las costillas marcadas
y las tetas
le cuelgan ennegrecidas
entre las patas.

Pero a Luperca
los tirones y la leche
la empujan hacia el suelo.
Hacia el lugar de La Tierra
donde se encuentran las cosas
que tienen importancia.


El río baja torrente y chocolate.
Desde el puente
da miedo su estruendo
de troncos y de piedras.

Las aulagas amarillean
las praderas altas
y vuelven los manantiales
a los agujeros secos
del verano.

Los caminos son lodo
y huella fresca
y en la tumba de mi abuelo
han crecido hierbas
y flores diminutas

que marcan el sendero.


5 comentarios:

Labegue dijo...

Las flores siempre saben dónde crecer.

Besos.

Anónimo dijo...

Yo de vez en cuando, visito trocitos de tierra donde crecen las flores mas hermosas de la tierra. Lo mejor de esas visitas, es cuando el coraz�n sonr�e, mi alma se reconcilia y mis ojos lloran.

David Grau

Justo dijo...

Qu� paz se respira...

Un beso

acróbatas dijo...

Cuando juntáis en un mismo mensajito palabras maravillosas (y de esa forma que sólo sabéis juntar unos cuantos) y fotografías de esas que arañan el corazón por dentro... sólo puedo quitarme el sombrero!

Un besito grande grande.

Marian dijo...

Precioso, Sonia.

Plas, plas!

Un besote

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