jueves, 11 de septiembre de 2008

Oda a la envida. Pablo Neruda


Yo vine
del Sur, de la Frontera.
La vida era lluviosa.
Cuando llegué a Santiago
me costó mucho cambiar de traje.
Yo venía vestido
de riguroso invierno.
Flores de la intemperie
me cubrían.
Me desangré mudándome
de casa.
Todo estaba repleto,
hasta el aire tenía
olor a gente triste.
En las pensiones
se caía el papel
de las paredes.
Escribí, escribí sólo
para no morirme.
Y entonces
apenas
mis versos de muchacho
desterrado
ardieron
en la calle
me ladró Teodorico
y me mordió Ruibarbo.
Yo me hundí
en el abismo
de las casas más pobres,
debajo de la cama,
en la cocina,
adentro del armario,
donde nadie pudiera examinarme,
escribí, escribí sólo
para no morirme.
Todo fue igual. Se irguieron
amenazantes
contra mi poesía,
con ganchos, con cuchillos,
con alicates negros.
Crucé entonces
los mares
en el horror del clima
que susurraba fiebre con los ríos,
rodeado de violentos
azafranes y dioses,
me perdí en el tumulto
de los tambores negros,
en las emanaciones
del crepúsculo,
me sepulté y entonces
escribí, escribí sólo
para no morirme.
Yo vivía tan lejos, era grave
mi total abandono,
pero aquí los caimanes
afilaban
sus dentelladas verdes.
Regresé de mis viajes.
Besé a todos,
las mujeres, los hombres
y los niños.
Tuve partido, patria.
Tuve estrella.
Se colgó de mi brazo
la alegría.
Entonces en la noche,
en el invierno,
en los trenes, en medio
del combate,
junto al mar o las minas,
en el desierto o junto
a la que amaba
o acosado, buscándome
la policía,
hice sencillos versos
para todos los hombres
y para no morirme.
Y ahora,
otra vez ahí están.
Son insistentes
como los gusanos,
son invisibles
como los ratones
de un navío
van navegando
donde yo navego,
me descuido y me muerden
los zapatos,
existen porque existo.
¿Qué puedo hacer?
Yo creo
que seguiré cantando
hasta morirme.
No puedo en este punto
hacerles concesiones.
Puedo, si lo desean,
regalarles
una paquetería,
comprarles un paraguas
para que se protejan
de la lluvia inclemente
que conmigo llegó de la Frontera,
puedo enseñarles a andar a caballo,
o darles por lo menos
la cola de mi perro,
pero quiero que entiendan
que no puedo
amarrarme la boca
para que ellos
sustituyan mi canto.
No es posible.
No puedo.
Con amor o tristeza,
de madrugada fría,
a las tres de la tarde,
o en la noche,
a toda hora,
furioso, enamorado,
en tren, en primavera,
a oscuras saliendo
de una boda,
atravesando el bosque
o en la oficina,
a las tres de la tarde
o en la noche,
a toda hora,
escribiré no sólo
para no morirme,
sino para ayudar
a que otros vivan,
porque parece que alguien
necesita mi canto.
Seré,
seré implacable.
Yo les pido que sostengan
sin tregua el estandarte
de la envidia.
Me acostumbré a sus dientes.
Me hacen falta.
Pero quiero decirles
que es verdad:
me moriré algún día
(no dejaré de darles
esa satisfacción postrera),
no hay duda,
pero moriré cantando.
Y estoy casi seguro,
aunque no les agrade esta noticia,
que seguirá
mi canto
más acá de la muerte,
en medio
de mi patria,
será mi voz, la voz
del fuego o de la lluvia
o la voz de otros hombres,
porque con lluvia o fuego quedó escrito
que la simple
poesía
vive
a pesar de todo,
tiene una eternidad que no se asusta
tiene tanta salud
como una ordeñadora
y en su sonrisa tanta dentadura
como para arruinar las esperanzas
de todos los reunidos
roedores.

7 comentarios:

antonio alfaro sánchez dijo...

acabo de emocionarme en la biblio leyendo a Neruda y leyéndote a ti, un abrazote Sonia

VICTOR ALFARO dijo...

Yo también soy Alfaro, pero no soy primo de Antonio, eh? jejjeje!
Sonia, muchas felicidades por lo del Festival. Siempre te he dicho que me encanta lo que escribes, y te lo repito.
Un besote!

kb dijo...

Aúpa!

Alatriste dijo...

Vine recomendado por una amiga tuya, por Labegue, pues a mí también me encanta la poesía y me considero un aprendiz en el arte de tejer versos.
Sea como sea, no puedo vivir sin escribir.
Así que me gustó visitarte y me encantó leerte. Tienes un blog muy bonito y sobre todo interesante. Me di un buen paseo por él.
Espero que vaya todo bien al otro lado. Besos y cuídate.
Hasta pronto.

Anónimo dijo...

Que bonito si señor,

Besos

David Grau

Anónimo dijo...

Y siempre hay alguien que pone palabras a nuestros pensamientos, palabras en prosa o poesia, cuando a nosotros nos faltan las palabras. Y casi,hablan por ti, como si pudiesen leer las pupilas que no miran.
Y esas palabras, que las poetizan tantos , que te llegan tanto,que las gozas,las sufres, las lloras, las amas en tus silencios.
¿Como poder elegir, entre tanta y tanta poesia?
Y lo peor es el día en que tenga que decidir, si ver declamando a San Román o a Sabina el sastre de los sonetos.
Por el momento, me quedo en ese Punto de fuga.
¡¡felicidades¡¡¡
brujilde.

Sonia dijo...

Bienvenidos a los nuevos y gracias a todos por pasar por aquí y dejar constancia de ello.
Un beso fuerte

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