lunes, 22 de septiembre de 2008

Otra noche sin dormir.

Las botellas de plástico

aplastadas

derramándose por el suelo

mientras nosotros

botamos con la música.


Ampollas en mis pies negros.


No hay fin

ni reloj

ni hora de volver

y corre el zurracapote

con la consciencia

anestesiada

por la risa tonta

de la fiesta.


En el taxi suena un piano.


Parece música clásica

aunque no confío en mi criterio

después de dormir seis horas

en dos días.


Pero hace que vea

los neones de los bares del barrio

como si fueran los mejores pubs

de Brooklyn.


Tengo sus notas metidas

en los bolsillos.


No sé muy bien por qué

cogimos un taxi.


Nunca hay control

de alcoholemia

en la rotonda.


Cierro los ojos

y rezo por que no me revienten

los retrovisores de mi coche

abandonado en el centro

a las once de la mañana

creo

que del día de hoy.


Santificamos las fiestas

por si las moscas.


El obispo habla con su micrófono

a más volumen que el de Rosendo

y ofrece el primer mosto

a una virgen abstemia.


Mientras tanto,

yo bebo pacharán

en la calle Portales.


Recorro cada piedra

manchándome los pies.


Me duelen.


Me escuecen.


Estoy harta de andar

pero no encuentro fuerzas

para volver a casa.


El taxi sigue avanzando

con su piano dentro de mis bolsillos

y el taxista dando la tabarra.


Cuando llegamos

son yo qué sé

cuántos euros.


No le oigo con el piano

de los cojones.


Le doy un billete de veinte

y pienso:

-Que te den por culo.


Ni siquiera sé

si le cogí las vueltas.


Me deja en la fuente

de mi pueblo.


Es lo único que queda en pie

de este páramo de grúas

que me lastra.


No estoy segura

de formar parte

de este paisaje

de ciudad dormitorio

a punto de despegar.


Echo un trago de agua

que me sabe a gloria

y me descalzo.


Mis pies no pueden estar peor.


Subo andando

hasta el segundo piso

con las chanclas en la mano

y los dedos negros

de vaya usted

a saber qué engrudo

mugroso.


Abro la puerta,

oigo un maullido

y en la casa

una cama deshecha

y un poema sin hacer

me esperan

a las tres y media de la mañana

de este raro domingo

de septiembre.

5 comentarios:

kb dijo...

Ay prima...
las liamos como Amancio...

guevofrito dijo...

mi otra noche sin dormir sera el viernes en las ventas. lo de no dormir en las noches mateas es lo de cada año. mañana a la carpa con makoki. esos borrachuzos de 1º division, yepa.

Anónimo dijo...

Sonia, Sonia...Hay que madurar esos poemillas...

Sonia dijo...

Tal vez lleves razón, pero también sería maduro que firmaras con tu nombre cada vez que entras a mi blog a decirme que uno de mis poemas no está, según tú, a la altura.
Como verás publico tu opinión sin ningún problema pero te advierto que no me gustan los anónimos y que ésta es ya la segunda vez que haces lo mismo.
No habrá una tercera porque voy a tratar de no permitir los comentarios sin identificar que me lleguen.
También te digo que es de personas maduras exponer con educación y valentía las propias opiniones sin esconderse detrás del anonimato.
Un saludo.

faure dijo...

esas madrugadas foráneas

que anulan cualquier miedo

son las mejores

y las vueltas

como caracoles sin baba

sin zapatos ni cordones

que se arrastran...

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