domingo, 30 de marzo de 2008

Voy sin esperar.
Llevo nubes y poco equipaje.
Encuentro brazos que me arropan como cojines de plumas.
Y una guitarra azul y cervezas y muñecos y un Warhol prehistórico en una casa abierta de par en par donde no paran de sonar canciones y poemas.
Y carreras por el metro, empujones, calor y una verja cerrada nos enseña en la acera de enfrente un local con libros y café y una mujer enorme a la que deberían escuchar muchos y a la que sólo escuchamos cinco.
Un privilegio que se difundirá como un enorme eco.
Y siguen las cervezas.
Y más palabras que suenan a música.
Y la dueña de la casa que sigue abierta de par en par me extiende sobre una mesa redonda un pacto con los Diablos Azules y les vendo mi alma sin pensarlo.
Y me voy a conquistar la Libertad pero esta noche está espesa y me atrapan el sueño y el bostezo pero la presencia de unos brazos enormes me reconfortan en las sombras y todo fluye.
Arrastro mis pies cansados por la noche de Madrid entre mareas de tacones, de tachuelas, de fashion victims, de borrachos, de chinos vendiendo cervezas en las puertas de los bares, de parejas de policías vigilantes y de taxistas cansados de ir y volver a un centro abarrotado.
Me traigo el sol en la maleta.
Vuelvo cargada de esperanza.

lunes, 24 de marzo de 2008

Arrivederci Roma

Roma esta vez puede resumirse en esta foto.
En Alberti y sus versos bilingües; en capuccinos espumosos y calientes; en gatos y más gatos, siempre presentes y en paseos interminables.
Y en lluvia. Tan torrencial, tan intensa y tan implacable que iba dejando en los adoquines un mar de paraguas desvencijados.
Y en la vuelta en metro hasta Marconi, donde los acordeones que venían tocando Marina, Marina, Marina desde las ruinas del Antiguo Imperio se apeaban en la parada de Coliseo para que subieran las putas.

martes, 18 de marzo de 2008

Roma. Punto de fuga (inédito) (-1)




La belleza es una promesa de felicidad.
Stendhal

La luna de Roma
era una cata de sandía
que iluminaba el Coliseo.

El taxista era un suicida
que avanzaba
por el piso adoquinado
destrozando mis vértebras.

Los gatos municipales
vigilaban en el Foro Republicano
el sueño de los vagabundos.

Y en la Piazza Navona
dos músicos tocaban
How I wish you were here
de Pink Floyd
frente a la
Fontana dei Fiumi
de Bernini.

Ahí pensé en Stendhal
y en su indisposición
momentánea en la ciudad
de Florencia.

Entonces comprendí
que su síndrome
no es más
que la impotencia
de querer compartir
con alguien
tanta belleza
y sentirse,
por un instante,
terriblemente solo.


(Pero esta vez vendrás conmigo)

Desfile de moda católica. Roma de Fellini (-2)

lunes, 17 de marzo de 2008

Rafael Alberti. Nocturno (-3)



Está vacía Roma, de pronto. Está sin nadie.

Sólo piedras y grietas. Soledad y silencio.

Hoy la terrible madre de todos los ruidos

yace ante mí callada igual que un camposanto.

Como un borracho, a tumbos, ando no sé por dónde.

Me he quedado sin sombra, porque todo está a oscuras.

La busco y no la encuentro. Es la primera noche

de mi vida en que ha huido la sombra de mi lado.

No adivino las puertas, no adivino los muros.

Todo es como una inmensa catacumba cerrada.

Ha muerto el agua, han muerto las voces y los pasos.

No sé quién soy e ignoro hacia dónde camino.

La sangre se me agolpa en mitad de la lengua.

Roma me sabe a sangre y a borbotón la escupo.

Cruje, salta, se rompe, se derrumba, se cae.

Sólo un hoyo vacío me avisa en las tinieblas

lo que me está esperando.


(De «Roma, peligro para caminantes»)

jueves, 13 de marzo de 2008


Mi padre siempre dice que en esta vida es mejor que nos tengan envidia a que nos tengan lástima y no le falta razón.
Sin embargo, a algunas personas les sigue compensando más la atención que reciben con su victimismo y eso les ata aún más a él.
Por lo general esas mismas personas son las que más envidian.
Lo primero que el “envidiado” piensa es ¿y por qué a mí si mi vida es común y corriente? Y empieza a caer en la cuenta de pequeños detalles: que si mi casa tiene unas alfombras no sé cómo, que si mi coche es no sé cuál, que si he hecho no sé qué viaje, que si he escrito no sé qué cosa...
Vale, pues si me envidia la alfombra, el coche, el viaje o el verso; que vaya a la tienda, al concesionario, a la agencia o que escriba o lea más.
Pero no, al envidioso le compensa más destruirte para que no le hagas la sombra que él cree que le haces.
Te adulará cuando estés delante y cuando no estés te despellejará como a un conejo recién cazado.
¿Los ignoramos, les damos su misma medicina, mantenemos las formas aunque nos sangre la lengua de tanto mordérnosla?
Decidme vosotros porque yo no lo sé.
¿Qué hacemos con los envidiosos?

martes, 11 de marzo de 2008


Muchísimas gracias al amigo Vicente Muñoz por haber incluido a mi Blancanieves en su Hankover con esta estupenda ilustración de Leticia Vera.

No dejéis de pasar por allí.






lunes, 10 de marzo de 2008

Este fin de semana, este país ha decidido mostrar a Europa que se la sopla el festival de Eurovisión y que en las urnas importantes se defiende la alegría.
Y en mi pequeña república particular, el día internacional de la mujer, llegó al poder un nuevo líder sin sufragio de por medio.
Se llama Leonardo y me tiene loquita.

sábado, 1 de marzo de 2008


A veces tengo la sensación de que mi vida se parece a la figura representada en esta escena y no sé muy bien qué hacer ni cómo actuar cuando me falta la pequeña roca en la que me apoyo o la frágil muleta que me sujeta el cuerpo.

Me siento sola en mitad del campo y expuesta a las miradas horrorizadas de los paseantes ante mis oquedades.

Para mí, la piedra blanca está sola y es frágil.

Para Dalí, sin embargo, era una temible mantis religiosa que acababa de devorar al macho.
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