Tengo que elegir, como indico en el título, los cinco discos que me han marcado por las razones que sean.
Seguro que después de escribir este post se me ocurren cinco más pero como carta en la mesa, pesa, no lo variaré.
Allá voy:
1) Los Brincos, álbum de oro, de Los Brincos
2) La cagaste Burt Lancaster, de Hombres G
Porque los primeros granos me salieron escuchando esta cinta no porque saliera sarpullido al escucharla, mal pensados, sino porque tenía once tiernos añitos y el tema de las hormonas pues es lo que tiene. La puse tantas veces en el radiocasete que compramos en Andorra que la esponjilla central, que era blanca, se quedó marrónoscurocasinegro (color cacafuti, para que me entendáis).3) El hombre del traje gris, de J. Sabina

Porque me recuerda a mi tío Carlos con greñas saliendo con Amparo y recordándola mientras ella estaba en París cantando en su habitación: El desamparo y la humedad comparten colchón. Y porque con él pasé la grisura de la adolescencia, decepciones ya no tan niñas y alguna de mis primeras lloreras a escondidas (por chicos, claro!)
4) Como la cabeza al sombrero, de El último de la fila

Es el disco que no paré de escuchar el verano del año 90, cuando pasé de octavo de E.G.B a 1º de B.U.P. Recuerdo estar mirando las tormentas de verano en el pueblo mientras sonaba Dios de la lluvia y a mí misma haciendo rappel en un puente (estaba loca, lo admito) cantando Ya no danzo loco al son de los tambores...
5) Dónde están mis amigos, de Extremoduro

Porque con 18 años yo andaba rebotadilla y no había nada mejor para sacar la rabia que cantar de principio a fin este disco. A veces aún lo pongo cuando me mosqueo y me sigue gustando cantar por lo bajini eso de: Voy a dejar esta ciudad, no me pienso despedir de la gente hace ya tiempo estoy ausente...
Me acabo de dar cuenta de que soy un poco macarro-pop.
Mira, igual hasta acabo de inventar una nueva tribu.
A mi edad...








