
No soy y tiemblo por ese ínfimo espacio cargado de estar a punto, de un ya voy inminente que no llega nunca, de los casis, de los despistes, de los rodeos.
Corre un viento implacable entre los dos espacios.
Eternidad y duda en tu gesto omnisciente.
Y llega el instante en que la distancia se deshace y ya no es y la chispa prende las astillas de mis dedos y el sopor se esfuma.
Mi cuerpo gélido e inexperto aprende a andar sin tus muletas toscas y el tuyo observa mi caída sin interferir.
Soy creada a tu imagen y semejanza, con la piel nueva y el verbo inocente y tengo la certeza de que pasaré los días buscando tu bendición.
Porque nazco de ti y de mi dedo embarrado nace el miedo.

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