
Me paso la escoba por dentro
y el aspirador
y el plumero y el cepillo de cerdas duras.
Levanto una polvareda
que me hace estornudar.
Las lágrimas se escapan
por la garganta.
Desatasco las cañerías
de mi corazón
para que lata acompasado
y tranquilo
para variar.
Oxigeno mis alvéolos,
mi diafragma y mis pulmones
para que me den impulso.
Permito escuchar a mis oidos
hasta los ecos del dolor.
El martillo los reducirá
a migajas en el yunque.
Pero la nube levantada
se va depositando.
Nada es tan fácil como parece
ni, supongo, tan difícil.
Sólo hay que limpiar despacio
y tener calma
aunque, a veces,
la prisa se impone a toda lógica.
Las plaquetas han desaparecido
entre la confusión higienizante.
Tal vez deba ser así
y no sea tiempo
de que cicatricen las heridas.
Los ojos aún tienen miedo
de ver golpes ya lejanos
y se cierran en banda
lacerando
la propia piel que los recubre.
Así continúo,
a veces con ganas de ceder al caos,
limpiando rincones olvidados
repletos de telarañas y de costras,
con las heridas abiertas,
los ojos cobardes
y la piel en llamas.

7 comentarios:
limpia limpia que en breve nos llegaran las jodidas pelusas asesinas a invadir nuestros ojos, bocas y pulmones.
Qué difícil es deshacerse de lo que nos hiere, limpiarnos de todo lo que nos va minando, aunque, para eso vivimos para aprender a quedarnos con lo que importa... Gracias, lo he disfrutado mucho. Un saludito, Begoña.
Paso solamente a darte un besico :)
Me gusta mucho mucho tu limpieza general, mucho.
(debería aplicármela)
besos y hasta prontito
(espero!)
olé
Así se limpia, con ganas de tirarlo todo por la borda...! O de desaparecer sin más.
Qué bien.
Un abrazo
UF,ESTE POEMA TUYO HACE PENSAR.
Salud-os
David Grau
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