martes, 28 de julio de 2009

Ojos



Detrás de unas gafas de esparadrapo
habitan un par de viejos ojos escondidos.
En mi espalda se clavan maliciosos
unos ojos gordos de vinagre.
Delante de mí tropiezo con una boca
que me sonríe sin ojos.
A mi costado
unos ojos isósceles me radiografían sin labios.
Avanzo con los ojos clavados en la acera
para evitar otros ojos que escrutan mi camino.
La niña del flequillo se tapa los ojos para ser invisible.
En un banco de la calle un ¡ojo! grande avisa
de que hay pintura fresca.
Las casas sestean cerrando
sus párpados entreabiertos de persiana.
Los ojos del puente lloran río sucio a borbotones.
Mis ojos se sientan en la plaza a mirar otros ojos
y se desvían cuando las trayectorias
se vuelven perpendiculares.

Unas gafas oscuras los guardan del desnudo
mientras deciden regresar a casa.
Los ojos de mi gato asoman puntiagudos entre los cojines.
Las fotografías llenan los marcos de ojos grandes de cereza.
Tus ojos esperan a los míos en el sofá de la sala.
Me quitas las gafas manchadas de pegajosos
ojos ajenos,
contemplas mis pupilas de tierra dura
y me ves dentro agitando los brazos.
Zambulles en mi cristalino tu iris de hierba
y me dejo llevar por la corriente.

4 comentarios:

PedroP. dijo...

Un poema grande, de imágenes poderosas.
Sobresaliente.

antonio alfaro sánchez dijo...

a mi siempre me ha flipao la palabra ojeriza jajaj, nos vemos en na sonia

Sonia dijo...

jajaja!
Y a mí la palabra ojete pero no quedaba bien en el poema.
Un besote, Antuán!
(Y otro para ti, Pedro, y muchas gracias por tus palabras).

Labegue dijo...

Esto es una de las cosas que echaba de menos.

Un beso Sonia

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