martes, 13 de octubre de 2009

Chocolate

En la frontera de los treinta
quema menos el amor
pero calienta.
Joaquín Sabina


El armario aún huele a nuevo aunque ya tiene seis años.

Lo hemos abierto menos de lo que deberíamos y eso se nota en su interior de apariencia de collage cubista con planos superpuestos de cajas rectangulares de turrón de almendra, bolsas doradas con trufas de chocolate oscuro y minúsculos cubos de bombones en forma de corazón.

Desechamos todo lo que tiene impresa la fecha de caducidad porque resulta ser coetáneo del propio mueble salvo los bombones.

El confitero no indicó cuándo fue su momento de elaboración ni, por supuesto, cuál era su límite de consumo.

Y nos los comimos todos sin dejar ni uno.

Cada corazón, desenvuelto, oscuro, crujiente.

Lo que creímos caduco y olvidado resultó ser una golosina delicada y sensual.

El armario vacío, la puerta abierta, el celofán rojo arrugado por el suelo, el sol de otoño templando el salón y nuestras bocas recordando el verdadero sabor del chocolate.

4 comentarios:

PedroP. dijo...

Deliciosamente erótico.

guevofrito dijo...

que chocolatada tan buena y subidita de tono para este otoño tan primaveral.

Lara dijo...

eso mismo digo.

besos!

acróbatas dijo...

me sumo a los comentarios anteriores... y me quedo a vivir en ello :)

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