viernes, 6 de noviembre de 2009

Sueños. El basilisco


Esta noche soñé con basiliscos, con sapos, con serpientes cornudas, con coches viejos, con descampados de hierbas altas y somieres de hierros herrumbrosos.

Soñé con mi antigua calle con vecinos anclados en sus sillas de esparto deshilachado marcando el territorio, tomando la fresca, vigilando los pasos de las vidas ajenas.

El monstruo viscoso venía conmigo, era más yo que lo que puedo ser yo misma.

Me daba la espalda para no matarme, para no morir.

Mis ojos eran su espejo.

Y yo lo guardaba a mi lado como una rareza del zoológico de mi propia mitología personal.

Pero le dejé escapar.

Su hedor corrupto de vapores marrones y escamosos me ahogaba.

Salió volando sapo, serpiente, basilisco buscando en vano mi mirada para hacernos eterna piedra inmóvil.

Lo vi ocultarse entre las hierbas del viejo descampado y me sentí liviana a pesar de saber que devoraría a mis vecinos.

Me alejé despacio, caminando, ahora sin culpa, ahora con ella.

Cuando me desperté me cogí en brazos y me quise.

El dinosaurio ya no estaba allí.
Fotografía: basiliscos de la cripta del castillo de Loarre (Huesca)

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