Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es La Tierra a nuestro pesar. Bienaventurados los mansos , porque ellos medrarán con palmaditas en la espalda agachando sus orejas gregarias.
Bienaventurados los que lloran en público, porque ellos recibirán atenciones.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque es algo que no dejarán de tener nunca.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos lavan su propia conciencia sin ayuda de jabón.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque lo tendrán tan reluciente como los misericordosos.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque nunca les faltará trabajo.
Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque no durarán mucho en la cárcel.


Me habla a través de la voz de un amigo cuando me dice que la renuncia ha sido buena y sueño cada noche con mi bastón de madera adornado con lunas a navaja buscando con cada paso el baño, el atardecer y la hoguera que algún día he de hacer - magullada y satisfecha - con todo lo innecesario a los pies del Ara Solis. 

