Dice el escritor Jose Antonio Marina que de los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de un maestro con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud, así que es justo que hoy estemos aquí dándote las gracias por todos estos años de dedicación a nuestro pueblo.Cada uno tenemos un recuerdo distinto y personal de lo que has sido para nosotros pero, puesto que se me ha pedido a mí que sea quien lo cuente, explicaré los míos.
Mis antiguos compañeros de escuela -mis amigos, entonces y ahora- dicen que tengo buena memoria y así debe de ser porque recuerdo sin problemas el día en que llegaste al patio de las escuelas viejas a recoger a tu primera clase en Villamediana que resultó ser la mía: los niños nacidos en el 76; y cómo fuimos de la mano de dos en dos y en fila hasta unas escuelas, más que nuevas, nuevísimas.
Era el otoño de 1982.
También te veo con claridad en nuestra primera adolescencia intentando explicar Historia al hatajo de sinsustancias que éramos. No contento con eso, tuviste la temeridad de llevarnos a Canarias con 13 años y algo me dice que además no te has arrepentido (¡y mira que te dimos motivos!).
Te veíamos serio pero sabíamos que detrás de tu eterno bigote había un fino sentido del humor propio de las personas inteligentes.
¡Cómo olvidar aquellos carnavales en los que, con apenas unas cejas más anchas y un puro, fuiste clase por clase exclamando a lo Groucho: ¡más madera, es la guerra!
Contigo vimos películas de Chaplin y comprendimos con ellas la parte ridícula de los dictadores y diste respuesta al quid de la cuestión cuando uno de nosotros, en la valiente ignorancia que dan los 13 ó 14 años, te preguntó para qué servía la Historia.
Tú respondiste que para nada, pero que cómo se le nota al que no la conoce.
Como diría Soren Kierkegaard, un maestro enseña más con lo que es que con lo que dice, así que más madera, muchas gracias y buena suerte.
Villamediana, 23 de junio de 2009.
Comida de fin de curso y despedida de Amando Sáenz Sáenz, Don Amando




