domingo, 4 de julio de 2010

La Tierra (lo eterno). Un poema de Blas de Otero


Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.

Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.

Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.

...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...


Poema inicial del libro Ángel fieramente humano.
Pintura: Árbol vuelto mano y pie de Pavel Tchelitchew.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabia que volverías, así que de vez en cuadno miraba en favoritos. Y hoy apareciste.
Besos. J. Matey.

Sonia dijo...

Gracias por estar ahí, Jorge.
Besos

Anónimo dijo...

Thanks for making my morning a little bit better with this great article!!

Sonia San Román dijo...

I'm glad.
You're welcome.

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