miércoles, 25 de agosto de 2010

Uvas


Gracias a Isabel últimamente observo con detenimiento mis sueños.
En el de esta noche Elena comía un enorme racimo de moscatel y yo me alegraba muchísimo.
Hacía calor y reíamos en la azotea de una chabola blanca como en los viejos tiempos.

Gracias a que, como los camaleones, con un ojo observo la realidad seria y con el otro la realidad que me importa, entre otras cosas he podido ver esta mañana cómo me daban los buenos días un camión en cuya cabina se leía mi nombre con letras gigantescas, el del almacén de fruta de Carmen y otro destartalado y azul buzo en cuyo lateral podía leerse la palabra Moisex.

Así he tapado el recuerdo de que ayer, en la tienda de fotocopias, vi en la tele a un señor apaleando a un perro con tanta saña que todavía sigue aullando en mi cabeza.

No se borra ni dejándolo aquí escrito. Me entristezco y me encojo como un jersey de lana en agua hirviendo.

Ahora tengo ganas de ver qué me deparan los días que me invento cuando duermo.
Tal vez esta noche sea yo quien me coma las uvas.
Pintura: Dos niños comiendo melón y uvas de Bartolomé Esteban Murillo

2 comentarios:

LEDESKA dijo...

Permiso me permiti entrar y deleitarme con lujuso blog... tambien te dejo mis saludos cordiales desde mis Tardes de Otoños...

Ledeska

Sonia dijo...

Bienvenida y gracias por pasarte y comentar.
Un abrazo

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