miércoles, 1 de septiembre de 2010

Otredades

La explosión nos repliega y nos dispersa:
una palabra violenta, un mal gesto, lo que ya no podemos soportar, la rabia, el comportamiento variable que nos aturde, la pringosa hipocresía con que nos ungen y ungimos, el asco, la nausea, la arcada, la mentira, la gota que nos colma y nos derrama y sin embargo, la constante necesidad de buscar nuestros fragmentos perdidos en el otro.

Escultura: El beso de Constantin Brancusi

2 comentarios:

acróbatas dijo...

Grandísima.
Me ha dado un vuelco el estómago al ver reflejada en tu texto esa gota de la que hablas, la que nos colma pero de la que tanta sed tenemos.
Besos,
Vanessa

Sonia dijo...

Los blogs son un ejemplo de esta sensación un poco romanticona en el fondo.
Un quiero estar solo pero ahora qué sólito estoy. Un permanente ni contigo ni sin ti.
Es esa necesidad contradictoria de buscar una intimidad pública, un derramarse a oscuras que necesita una mirada lectora que le ponga luz.
Un beso Vanessa.

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