viernes, 19 de noviembre de 2010

Hayedo poético

En el bosque las grandes hayas se aprecian mejor en la distancia.
A los brotes jóvenes más alejados de la espesura les llegarán más sol y agua a pesar de estar desprotegidos de los rayos. Tendrán más probabilidades de crecer, aunque sea entre piedras. Si prosperan, tendrán sus propios nudos, sus propias hendiduras y sus anillos propios que les harán únicos y hermosos.
He visto tallos muy alegres y tiesos arrimados a los árboles mayores con ganas de crecer, envidiosos y serviles. Usan la tierra que los viejos hacen fertil con sus hojas caídas, buscan su protección sin exponerse a los rigores del invierno.
Los he visto, sí, asomando entre helechos cada primavera, mirando por encima del hombro a los troncos derribados.
Por fortuna todo gira y la mayor parte de ellos termina enclenque y débil por la falta de luz o con las raíces levantadas por los jabalíes.

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