lunes, 6 de diciembre de 2010

Descontrol


El viernes a las doce de la noche, yendo hacia el Aeropuerto de Barajas pensaba que los que movían los hilos del país en ese momento eran los controladores aéreos.

A la una de la madrugada, esquivando el hielo en la A1, el vicepresidente primero de nuestro flamante gobierno anuncia Consejo de Ministros para las nueve de la mañana del día siguiente.

Au revoir, a demain, ahí os quedáis españolitos nuestros, que los Lunnis y nosotros nos vamos a la cama.

En el aeropuerto, una estampa propia de refugiados de guerra y unos seres humanos de primera división que no necesitaban al ejército para organizarse.
Por suerte, los militares se limitaron a entrar cajas con mantas amarillas y botellines de agua y a pasearse por los pasillos.

Y desinformación. En el aeropuerto nadie sabe nada. "Informaciones confusas", dicen.
Intentamos descansar en un cuarto a oscuras junto con otras familias. Los niños están agotados, no pueden ni jugar.

Una chica rubia, probablemente extranjera, llora en silencio en un rincón.

Hacemos cola porque, según el panel, nuestro vuelo aún sigue operativo a la hora prevista.

Sin noticias del Consejo de Ministros.
Estado de alarma. El primero de nuestra joven democracia.

Colas interminables para presentar quejas que se mezclan con gente tirada por el suelo y con otras filas de personas que aún conservan la esperanza de volar.

Pilas altísimas de hojas de reclamaciones en los mostradores de información.

Aferrándome a un papel que me asegura la devolución de mi dinero salgo a la calle.
Los taxis se mezclan con furgonetas, autobuses y camiones del ejército.

Cierto orden a pesar del caos.

Y ya os digo que el viernes a las doce de la noche, yendo hacia el Aeropuerto de Barajas pensaba que los que movían los hilos del país en ese momento eran los controladores aéreos. Pero una vez en mi casa, dispuesta a entender el problema antes de ponerme a hablar leí esto:

http://bloguionistas.wordpress.com/2010/12/04/no-controles/

Después pensé que en el fondo lo sospechaba y que ya no creo que este país tenga lo que se merece:

es un país de primera con un gobierno y una oposición de tercera regional que no dejan de tomar a sus ciudadanos por tontos.

Y yo estoy tan tan cansada...

Pintura: So so tired de
Justin West

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