jueves, 30 de diciembre de 2010

Este año que pasa...


...me retiré a pensar y pensé.
Cerré la puerta de esta casa, puse los poemas a remojo y los dejé secar al aire.
Los gurmets aún dicen que les faltan un par de tardes de sol entre cristales.
Demasiada humedad, supongo, aunque ya hay días en que me sorprendo dándoles la espalda un poco.
Y no lo veo necesariamente malo, soy yo que ando sin mover los pies.
La vida es una gigantesca cinta transportadora.
Y cumplí uno de esos sueños que siempre creí inalcanzables sin darme apenas importancia.
Quizá por eso se me concedió, porque me di permiso para aterrizar en él con la naturalidad suficiente para no sentirme demasiado fuera de lugar.
Demasiado, digo, porque algo siempre queda.
Esa sensación de desencajar de forma constante. De ser un siete de copas de hogar del jubilado, cortesía de Pacharán Zoco, arrugado y sin esquinas, en mitad de una baraja de poker sin estrenar del casino de Estoril.
Supongo que esa es la marca de la casa, mi eterno sello de indentidad.
¿Y por qué esquivarlo?
Asumiéndolo avancé, soñé, desperté y el dinosaurio seguía allí.
Y yo aquí, en la víspera de la víspera de este año que viene, con ganas de seguir cumpliendo sueños sin dejar este camino de baldosas amarillas, rojas, blancas y verdes que me sigue dando abrigo cada invierno.

Feliz año nuevo, queridos.
Me siento afortunada por teneros cerca.

Cartel: Vino de Rioja Fino Rubí de Ramón Casas

2 comentarios:

yolandasaenzdetejada dijo...

afortunadas ambas por podernos leer... feliz salida de año porque el que viene será estupendo, ya lo verás.

Elena Lechuga dijo...

feliz año nuevo
(el sol es perfecto para eliminar humedades :)

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