lunes, 20 de diciembre de 2010

Persépolis de Marjane Satrapi


Lo mejor que uno puede escuchar cuando termina de ver en un cine confortable y caliente una película como Persépolis no es que lo que uno acaba de ver sea bonito o feo, no es si nos ha resultado largo o corto, no es si nos ha gustado o no.
Lo mejor es ver a un hombre de mediana edad, bien vestido y con ínfulas de ciudadano leído y escribido revolverse en su asiento molesto porque esperaba ver una cinta más amable bajo la apariencia naif de los dibujos de Marjane Satrapi.
La realidad es incómoda, caballero, y para mí es un placer que a gente como usted le pertube su agitado día.
Probablemente sea lo único que se le agite hoy.

2 comentarios:

trovador errante dijo...

Completamente cierto...quizás nos queda el delicado placer de verles revolviéndose...se tendrían que revolver por dentro e irse a vomitar al lavabo...

Ale niña, un beso!
Kike

yolandasaenzdetejada dijo...

que buena entrada sonia... me encanta.

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