
Lo mejor que uno puede escuchar cuando termina de ver en un cine confortable y caliente una película como Persépolis no es que lo que uno acaba de ver sea bonito o feo, no es si nos ha resultado largo o corto, no es si nos ha gustado o no.
Lo mejor es ver a un hombre de mediana edad, bien vestido y con ínfulas de ciudadano leído y escribido revolverse en su asiento molesto porque esperaba ver una cinta más amable bajo la apariencia naif de los dibujos de Marjane Satrapi.
La realidad es incómoda, caballero, y para mí es un placer que a gente como usted le pertube su agitado día.
Probablemente sea lo único que se le agite hoy.
2 comentarios:
Completamente cierto...quizás nos queda el delicado placer de verles revolviéndose...se tendrían que revolver por dentro e irse a vomitar al lavabo...
Ale niña, un beso!
Kike
que buena entrada sonia... me encanta.
Publicar un comentario en la entrada