sábado, 25 de septiembre de 2010

De profundis

La pregunta:
¿Qué te pasa?

La realidad:
al cerrar los ojos, un caballo ciego y azul me succiona un dedo; arañas eléctricas forman tulipanes de luz blanca; los ojos infinitos de mi abuela en su silla de ruedas; las ojeras de mi madre; la agonía pasada de mi abuelo, siempre presente; las nubes que se enroscan de frío; los ladrones en nombre de la ley; los oficios perdidos; los fantasmas besándome en el pasillo; los hijos que se van desagüe abajo; los silencios con sabor a mercurio; mi eco ronco; mi tos de pompas de jabón ahumada; el miedo al cuerpo desnudo sobre un catre metálico; el espacio que ocupa la nada entre nosotros; el reloj sonando a tierra.

La respuesta:
me duele la cabeza.
Fotografía: Maury Perceval, Mujer durmiendo

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mar antiguo

El tráfico te amenaza de muerte ¿o era la vida?
Un gato aturdido no es un gato aplastado aunque huyas.
En él la acción y en ti las arenas movedizas.
Tú, Sísifo, empujando maletas por ciudades empinadas sin completar el ciclo.
Piedras viejas te susurran como surrurran viejas petrificadas.
Y el mar del color del mar arrastrándonos hasta el centro de los volcanes sin oponer resistencia. Hasta el lugar donde la tierra es carne y la carne es piedra y la piedra es agua.
Los alfabetos antiguos renegridos por líquenes de tiempo asoman en las rocas y me hacen parvularia.
La amistad que nace, crece y se emborracha. El insomnio contra la dictadura del tiempo de las esferas.
Los dioses hombres observan en blanco y negro las dos orillas de los dioses dioses.
Las nubes cuelgan suspendidas de las montañas.
El muecín llama a la oración pero media ciudad hace sonar el claxon en el cuello del embudo por el que vuelven a casa.
Siempre hay sitio para comprar rosas de plástico a los vendedores ambulantes del centro de la carretera.
Se mueven como gatos aturdidos entre el tráfico que les amenaza.
En ellos la acción, la vida.
En tus manos la roca que vuelve a rodar como al principio.

domingo, 12 de septiembre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

Patoso


Algunos le llamarían cooperación para la supervivencia, otros instinto de protección o locura o, simplemente, amor por los animales.

Lo que está claro es que cuando esta mañana he rescatado a Patoso también yo me estaba rescatando.

¿De qué? Pues ni idea, pero cuando lo veo nadar en el estanque de la huerta o revolcarse por el barro me siento un poco más a salvo de las ocas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Y sin embargo...casi verdad

Se levantó siendo un marido ejemplar.
Besó a su mujer, sonrió a sus vecinos y fue puntual al trabajo.
Dio los buenos días a sus compañeros, realizó sus tareas escrupulosamente.
Salió, visitó a sus padres, toleró sus manías de personas mayores que niegan serlo, toleró su egoísmo con paciencia y compasión.
Tomó café en el bar de abajo. Pagó un euro con treinta céntimos dando las gracias a la camarera y acercándole la taza hasta la barra para evitarle salir a recoger.
Volvió al trabajo, impecable, sonriente, educado y cordial.
Salió el último, apagó las luces, cerró la puerta, subió a su coche y lo aceleró por la avenida hasta que el cuenta revoluciones rozó la linea roja.
Y chocó contra el Banco Central.

Pintura: Incuneandosi nell'abitato (in tuffo sulla citá) de Tullio Crali
Canciones de Joaquín Sabina que sonaban en mi cabeza mientras lo escribía: Ciudadano cero, A la sombra de un león, Pisa el acelerador, Y sin embargo

sábado, 4 de septiembre de 2010

Corazón de leona, un poema de Miguel Hernández

Corazón de leona
tienes a veces.
Zarpa, nardo del odio,
siempre floreces.

Una leona
llevaré cada día
como corona.

Pintura: Leona de Jazeh Tabatabai

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Otredades

La explosión nos repliega y nos dispersa:
una palabra violenta, un mal gesto, lo que ya no podemos soportar, la rabia, el comportamiento variable que nos aturde, la pringosa hipocresía con que nos ungen y ungimos, el asco, la nausea, la arcada, la mentira, la gota que nos colma y nos derrama y sin embargo, la constante necesidad de buscar nuestros fragmentos perdidos en el otro.

Escultura: El beso de Constantin Brancusi
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