sábado, 15 de enero de 2011

Olvidos y recuerdos


Mi abuela nunca olvida levantarse a las siete en punto, ni ventilar para que el oxígeno irrigue cada una de las células-objeto que mantienen viva esa casa desde siempre.

No olvida comprar el pan temprano; no olvida ir a misa; no olvida traer el periódico para sus vecinas; no olvida dárselo con diligencia y amabilidad; no olvida ni un sólo segundo a su difunto marido; no olvida limpiar cualquier mota de polvo; no olvida planchar hasta los calcetines; no olvida coser incluso en penumbra; no olvida acudir cada fin de semana a la cita con su pueblo; no olvida a sus hijas, no olvida a sus yernos, no olvida a sus nietos, no olvida a sus padres, ni a sus hermanos muertos ni, por supuesto, a su hermano vivo; no olvida ni una sola historia de cuando era niña; no olvida el nombre de cada cura, de cada maestra, de cada practicante, de cada alguacil, de cada charlatán, de cada músico que tocaba en fiestas, de cada emigrante que cuando regresaba con sombrero blanco de Panamá y bigotito a lo Clark Gable ya no la recordaba a ella.

Tampoco olvida las canciones; no olvida los refranes; no olvida las palabras antiguas ni los conjuros de pinzas y tenazas bajo la chimenea; no olvida las hierbas que curan; recuerda con claridad a las que matan; conserva heridas que aún le escuecen; no olvida qué luna es la propicia para plantar los ajos; no olvida cuándo el agua del río San Juan quita las verrugas ni cuándo un sueño o un aura traen consigo vida o muerte.

Pero, de un tiempo a esta parte, olvida las llaves dentro de su casa varias veces al día.

Como si quisiera callarnos algo.

Fotografía de un bando echado en 1934 en Vadillos de Cameros (La Rioja).

1 comentario:

kb dijo...

Muy chulo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...