
Cada día me dan más asco los discursos políticamente correctos y si me sorprendo a mí misma con uno en la boca francamente me repugna.
No soporto que a los gordos se les llame rellenitos o de hueso ancho; ni que a los pequeños se nos llame bajitos; ni que a las personas negras se les llame de color, afroamericanos o subsaharianos; ni que a los presos de guerra de Guantánamo se les llame combatientes enemigos ilegales; ni que a las cárceles se les llame instituciones penitenciarias; ni que a las drogas se les llame sustancias; ni que a la tortura se le llame persuasión; ni que a ir a cagar se le llame el momento All Bran; ni que los discursos políticos estén infestados de alusiones y alusionas a los oyentes y oyentas.
No soporto que Facebook cierre perfiles de personas que suben fotos de desnudos aunque estos sean artísticos, no soporto la falta de sentido del humor ni las estrictas varas de medir (censura, llamémoslo por su nombre) en nombre de nuestro bienestar y de nuestra civilización.
No soporto que en los telediarios supuestamente serios mezclen la información meteorológica con publicidad, ni que silencien noticias importantes con perogrulladas insulsas de relleno.
Porque todo esto es síntoma de que quienes nos gobiernan nos observan como un rebaño indefenso que no sabe ni de dónde viene ni hacia dónde se dirige y lo peor es que probablemente nos hayamos convertido en eso a base de tener un sistema educativo marca Playmobil a años luz del mundo real que vomita al mundo dos tipos de alumnos:
Unos que, cuando se etiquetan en una foto en el Tuenti abriendo un paquete que contiene un libro escriben:
no penséis mal, que no me gusta leer!!
Otros que sí leen y que son aleccionados debidamente por el resto de compañeros en el patio o a la salida.
(Y los políticos se relamen en su sillón).
Pero hay pequeñas y sabrosas venganzas que a veces los niños más pequeños se toman por nosotros. No hace mucho le pedí a uno de seis años que escribiera palabras que empezaran por ca por cu y por co y me respondió sin dudar y sin ánimo de hacer la gracia:
Pero hay pequeñas y sabrosas venganzas que a veces los niños más pequeños se toman por nosotros. No hace mucho le pedí a uno de seis años que escribiera palabras que empezaran por ca por cu y por co y me respondió sin dudar y sin ánimo de hacer la gracia:
caca, culo y colilla.
En ese momento sentí que juntos le estábamos haciendo una peineta en nuestro cuaderno de caligrafía a todos los politicastros y periodistos eufemismofílicos y gilipolléticos de este país hasta que me sorprendí corrigiéndole y escribiendo con él:
casa, cubo y cohete.
Y me di un asco, qué asco me di...
Imagen de la escuela en la película The wall de Pink Floyd.
4 comentarios:
Efectívamente así es. Todo depende de la capacidad de la persona para no pasar por el tubo, como en el fotograma de la película.
Es un tubo-aspiradora con el que hay que luchar permanentemente.
La peli, genial! Para que la vean en los colegios.
"Y los políticos se relamen en su sillón". Efectivamente. En el fondo es la ley el mínimo esfuerzo y la intención de que todos funcionemos como ellos quieren que lo hagamos. Les molesta que pensemos, Sonia.
Me encanta el tono que le has dado a tu reflexión porque no es para menos.
Un beso muy grande.
Vanessa
qué asco me di!!!
jajjaa.....muy bueno sonia.
caca, culo, coito
j. matey.
Muy bueno, llamemos a las cosas por su nombre. Heructo es regordo, orín es meado, cigarros de la risa son porros.
Me ha gustado. Leere mas de ti.
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