lunes, 31 de enero de 2011

La hermandad



Como decía Ignacio Escolar en su blog la semana pasada, tengo 35 años y podría ser peor. Podría tener 25, ó 20, y así entrar de cabeza en esa generación estafada a la que le han cambiado el derecho a una vivienda digna y un empleo estable por la Playstation III.

Y ahí estaba yo anoche, asumiendo mi destino con la Play, saltando tejados, robando a los obispos gordos del distrito del Vaticano y nadando feliz por el Tíber gracias al Assassins Creed 3 y a este nivel de frikismo que Dios me ha dado.

Decidí terminar la última de mis misiones y me adentré con mis seis llaves en busca del tesoro de Rómulo. Salí de los pasadizos orgullosamente vestida con la armadura y la daga de Junio Bruto a toda velocidad, buscando la luz y saltando de aquellos túneles sobre lo alto de una columna derruida.

Contemplé la ciudad de Roma desde el monte Palatino, magníficamente recreada, revisé el mapa y observé con tristeza que ya no me quedaba ninguna misión.

Era la muerte del protagonista, el fin del juego y la certeza de que lo pendiente por hacer es lo que hace que uno se aferre a la vida.

Así que generación estafada, sí; adormecida, quizás; y resignada, por suerte para algunos si es que otros no podemos impedirlo.

Tarea difícil la de tratar de sembrar la incómoda semilla del pensamiento autónomo en el bostezo evasivo de alumnos de 17 años.

Sé con certeza que muchos están deseando despertar pero no son capaces de encontrar el botón triangular que les indique en el mapa un nuevo objetivo que les haga sentirse tan vivos como lo está Ezio Auditore a punto de saltar con su cuchilla oculta sobre César Borgia en la ciudad de Viana.

Estos chicos han crecido en una burbuja aún más inflada y aún más sobreprotectora e irreal que la que tuvimos en décadas pasadas.

Están acostumbrados a que sus padres piensen por ellos hasta la marca de sus calzoncillos. Por eso, cuando aparece la sensación propia de su edad de que nadie se ha tomado la molestia de darles la bienvenida al mundo real tratan de refugiarse en las islas que les hemos dejado libres los demás, incluidos sus padres que evitan explicarles -mirando el fútbol o el Sálvame Delux- de dónde proviene ese desasosiego o esa tristeza que les llena de granos las entrañas. Y no sólo no les cuentan sino que les penalizan que salgan a buscar respuestas a la calle y hasta que traten de no pensar en ellas con la Playstation en nombre de su seguridad.

Les obligan a estudiar porque un hijo con un título es un trofeo familiar pero les prohiben pensar porque lo ven inútil y peligroso: los chavales cuestionarían el poder y, el poder en ese instante, son sus padres.

Así nos van llegando a clase hordas de zombies a punto de entrar en la veintena con el cordón umbilical intacto oliendo a corrompido.

Y entre sujeto y complemento predicativo yo les suelo acercar unas tijeras.

Imagen extraída de aquí

jueves, 27 de enero de 2011

Caminando (por el lado salvaje)

Lo peor de andar por senderos poco transitados es que uno también termina por allanarles el camino a las alimañas y a los idiotas.

Pintura: Brook Watson y el tiburón de John Singleton Copley

lunes, 24 de enero de 2011

Linea del destino



Mi gato me ha arañado en la linea del destino de la mano derecha.
De no haber sido por este suceso nunca habría sabido qué linea era ésa ni tampoco habría descubierto una pequeña estrella bajo mi dedo corazón:

-Has sido elegida para tener éxito tras años de duro trabajo - dice Google disfrazado de quirólogo.

Supongo que para entonces la estrellita será un callo amarillento y el éxito se resumirá al hecho de haber sido capaz de sobrevivir con dignidad a los arañazos y a los falsos elogios.
(With a little help of my friends).


Imagen tomada de aquí

martes, 18 de enero de 2011

Haití


Muchos recordamos con claridad que el 12 de enero de 2010 Haití sufrió un terremoto de 6,9 grados en la escala Richter llevándose por delante a 300.000 personas y más de un millón de damnificados.

Muchos comprobamos con espanto que un año más tarde Haití no sólo no ha conseguido remontar aquello sino que ha multiplicado sus ya de por sí enormes problemas.

Por extraer una mínima parte positiva entre tanto caos, todo aquello pudo servir para mostrarnos en prime time el rostro del país más castigado y olvidado de América desde antes de que la tierra temblara.

Y si Haití estaba recibiendo un castigo sería porque cometió alguna culpa.

Eduardo Galeando me refrescó anoche la memoria releyendo dos de sus Espejos.

Aquí os dejo su reflejo:


LA MALDICIÓN BLANCA

Los esclavos negros de Haití propinaron tremenda paliza al ejército de Napoleón Bonaparte; y en 1804 la bandera de los libres se alzó sobre las ruinas.

Pero Haití fue, desde el pique, un país arrasado. En los altares de las plantaciones francesas de azúcar se habían inmolado tierras y brazos, y las calamidades de la guerra habían exterminado a la tercera parte de la población.

El nacimiento de la independencia y la muerte de la esclavitud, hazañas negras, fueron humillaciones imperdonables para los blancos dueños del mundo.

Dieciocho generales de Napoleón habían sido enterrados en la isla rebelde. La nueva nación, parida en sangre, nació condenada al bloqueo y a la soledad: nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

Por haber sido infiel al amo colonial, Haití fue obligada a pagar a Francia una indemnización gigantesca. Esa expiación del pecado de la dignidad, que estuvo pagando durante cerca de un siglo y medio, fue el precio que Francia le impuso para su reconocimiento diplomático.

Nadie más la reconoció. Tampoco la Gran Colombia de Simón Bolívar, aunque él le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Después, cuando Bolívar triunfó en su guerra de independencia, se negó a invitar a Haití al congreso de las nuevas naciones americanas.

Haití siguió siendo la leprosa de las Américas.

Thomas Jefferson había advertido, desde el principio, que había que confinar la peste en esa isla, porque de allí provenía el mal ejemplo.

La peste, el mal ejemplo: desobediencia, caos, violencia. En Carolina del Sur, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la fiebre antiesclavista que amenazaba a todas las Américas. En Brasil, esa fiebre se llamaba haitianismo.

MUCHAS VECES MURIÓ LA ESCLAVITUD

Consulte cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país que abolió la esclavitud. La enciclopedia responderá: Inglaterra.

Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio británico, campeón mundial del tráfico negrero, cuando haciendo números advirtió que ya no era tan rentable la venta de carne humana. Pero Londres descubrió que la esclavitud era mala en 1807, y tan poco convincente resultó la noticia, que treinta años después tuvo que repetirla dos veces.

También es verdad que la revolución francesa había liberado a los esclavos de las colonias, pero el decreto libertador, que se llamó inmortal, murió poco después, asesinado por Napoleón Bonaparte.

El primer país libre, de veras libre, fue Haití. Abolió la esclavitud tres años antes que Inglaterra, en una noche iluminada por el sol de las hogueras, mientras celebraba su recién ganada independencia y recuperaba su olvidado nombre indígena.


Textos extraídos del libro Espejos, una historia casi universal de Eduardo Galeano (Siglo XXI Editores)
Pintura Hungry de Jean Fontecchio Perley sacada de aquí

sábado, 15 de enero de 2011

Olvidos y recuerdos


Mi abuela nunca olvida levantarse a las siete en punto, ni ventilar para que el oxígeno irrigue cada una de las células-objeto que mantienen viva esa casa desde siempre.

No olvida comprar el pan temprano; no olvida ir a misa; no olvida traer el periódico para sus vecinas; no olvida dárselo con diligencia y amabilidad; no olvida ni un sólo segundo a su difunto marido; no olvida limpiar cualquier mota de polvo; no olvida planchar hasta los calcetines; no olvida coser incluso en penumbra; no olvida acudir cada fin de semana a la cita con su pueblo; no olvida a sus hijas, no olvida a sus yernos, no olvida a sus nietos, no olvida a sus padres, ni a sus hermanos muertos ni, por supuesto, a su hermano vivo; no olvida ni una sola historia de cuando era niña; no olvida el nombre de cada cura, de cada maestra, de cada practicante, de cada alguacil, de cada charlatán, de cada músico que tocaba en fiestas, de cada emigrante que cuando regresaba con sombrero blanco de Panamá y bigotito a lo Clark Gable ya no la recordaba a ella.

Tampoco olvida las canciones; no olvida los refranes; no olvida las palabras antiguas ni los conjuros de pinzas y tenazas bajo la chimenea; no olvida las hierbas que curan; recuerda con claridad a las que matan; conserva heridas que aún le escuecen; no olvida qué luna es la propicia para plantar los ajos; no olvida cuándo el agua del río San Juan quita las verrugas ni cuándo un sueño o un aura traen consigo vida o muerte.

Pero, de un tiempo a esta parte, olvida las llaves dentro de su casa varias veces al día.

Como si quisiera callarnos algo.

Fotografía de un bando echado en 1934 en Vadillos de Cameros (La Rioja).

miércoles, 12 de enero de 2011

Las tres


Veo colgado del respaldo de la silla el ridículo disfraz de optimismo parlanchín que me visto cuando sale el sol.
El silencio de las tres de la mañana de un martes cualquiera me obliga a ver mis verdaderos vestidos.
Invisibles. Como el traje nuevo del emperador.

Y con los ojos bien abiertos.

viernes, 7 de enero de 2011

Arañas y serpientes


Nuestras plagas de arañas y serpientes habitan, sin dolernos, la pantalla.
Las pupilas se protegen entre una cortina de dedos hasta decidir si matarlas, si sucumbir a su veneno o si crear un antídoto.
Virgilio acertó al decir que agitemos el mundo subterraneo para mover el suelo.
En el remolino, un frenesí de cabezas de muñecas viejas con brillantes ojos de alfiler.
Mi infancia y el desove se funden en la cola de un cometa de plástico amarillo y me regalan el brillo solar de una pasta de conchas tras la ola.

Pintura: Jack Vettriano, An imperfect holding.

miércoles, 5 de enero de 2011

Palabras

Las palabras me despiertan y me persiguen durante el día.
Esta semana no logro librarme de ponzoña.
Y antes fueron chisgarabís, lloramigas o depravación (lease marcando bien la erre).
Se me llena la boca de sonidos que me quitan el hambre pero no las ganas de decir.

Fotografía: Words of wisdom encontrada en Flickr aquí.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...