viernes, 27 de mayo de 2011

Ardemos


Estoy ardiendo como el suelo de San Juan Viejo Parangaricutiro.
Como el hombre de mimbre en la isla de Whithorn
En el frente de la Guerra de las Galaxias, con una bayoneta oxidada marca Acme.
Al acecho del cordón de una bota a medio atar, como un gato doméstico.
Con la torpeza de un hipopótamo entre figuritas de Swarovski.
Inútilmente abrasiva como una anguila eléctrica desenchufada.
Esquiva, como un hurón en el cepo del conejo.
Acariciando el mundo a palmos, como si me faltaran los ojos.
Desnudando los pasos sin saber medir.
Regalando un vestido de domingo a mis ganas de crear
un nuevo sistema métrico decimal.

Y mis ganas me regalan un espejo.

¿Cómo creer?
¿Cómo construir con diez ladrillos y doscientas rosas?

Defenderé el adobe antes de hacer el edificio.
Cada guijarro cuenta.

Arrójalo.
Lánzalo.

Pero no intentes construir con nubes.
Nos lloverán encima.

Las mías no escampan esta noche
y repiquetean en los cristales de mis gafas:
los-re-yes-son-los-pa-dres.
Son-los-pa-dres.
Los-pa-dres.
Pa-dres.

Aunque siempre nos quedará el Olentzero
o Papá Noel
o Santa Claus
o la Bruja Befana
para tener un poco de carbón dulce en los zapatos
y seguir soñando con un sol bien repartido
que nos haga arder
como el suelo de San Juan Viejo Parangaricutiro,
como el hombre de mimbre.


Fotograma de la película The Wicker Man de Robin Hardy

martes, 10 de mayo de 2011

Sol




Soy el término de una preposición
sobre la que escalo una cumbre pelada.

Allí quiero ver atardecer.

Comprobar que el sol da luz hasta en las cuevas.

Que las sombras son elecciones
y no debes.

Sol para todos.
Sol para aquél que quiera sol.
Hay sol de sobra esta mañana.

Los ojos, como galaxias recién nacidas.

El cañón, abierto en dos.
Las manzanas, en compota.

Que mis amigos se arranquen las sanguijuelas del pecho
y lloren de risa.

Y que al león, dormido, le ardan,
con la cabeza del revés,
habones de palabras dentro del espejo
para que aprenda a rascarse.

lunes, 2 de mayo de 2011

Llueve




Los telediarios retransmiten cuentos de princesas, publicidad, películas de acción con guiones escritos en el Pentágono, en el octógono o en el triángulo de las Bermudas de algún poderoso inversor con irritación inguinal.


Los telediarios dedicaron el día de los 5.000.000 de españoles sin trabajo a comentar la escasez de sol en las playas de Levante durante el puente y a la beatificación de Juan Pablo II.


Los telediarios ya no sacan fútbol sino las declaraciones de los entrenadores convirtiendo el deporte no sólo en opio para el pueblo sino en el debate de Gran Hermano.


Y mientras tanto yo pienso en Eduardo Galeano (últimamente no hay día en que no lo tenga en la cabeza) cuando dice que las paredes son las imprentas de los pobres. Y pienso también en esa pared que él vio un día en Buenos Aires en la que ponía:


Nos mean y los diarios dicen "llueve".


Y ahí andamos, sin paraguas.
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