martes, 30 de junio de 2015

Di, realidad. Rafael Fombellida. Ed. Renacimiento. 2015


Leer a Rafael Fombellida en plena ola de calor es como encontrar un arroyo sombrío después de andar al sol. Es norte y escribe desde ese punto cardinal asumiendo todas sus implicaciones y simbología.
En esa estética septentrional hay algo serio y cortante cercano a la verdad. Cuando menos, Rafael provoca tras su lectura la necesidad de escribir, de acariciar las llagas sin demasiados dramas pero sin negar que supuran y que muchas no empeorarán gracias al frío. Porque hay un frío implacable en "Di, realidad" que sobrevuela y horada, que no admite concesiones. Con el frío queda el replegarse sin más estruendos que la voz de uno mismo.
El frío es real y es afilado y rumia y distingue a la primera los fuegos artificiales porque sabe de sigilos y de nubes espesas y sus versos se incomodan con las miradas ajenas aunque estén lanzados hacia ellas. Son letras de un animal solitario que caza para sí mismo.
Su norte huele al Báltico, a yeso azul de Prusia, a treinta y uno de diciembre, a hojas que caen, a vaho, a embozos, a lanas y a lenguas de la Gran Guerra. En sus versos salpicó el barro de las trincheras y se hizo vasija.
Leo "Di, realidad" como si me liara un cigarro con las manos azuladas en febrero.
Los colores cálidos los dan la sangre o los leños.
"Me contengo en exceso. Estoy helado", dice, y cada letra se vuelve un animal albino.
Leo a Rafael con un papel y un bolígrafo cerca porque me provoca necesidad de contar y porque me dice que "el calor se retira de las cosas" y yo quiero que el calor se vaya y que el silencio vuelva y que llueva.
"No llames a esta puerta. Soy sin sol", dice, y solo nos quedará la ley del río.
Los hijos se muestran al trasluz, la familia. Son los otros que más se nos parecen o, al menos, los que no huyen de la escarcha que dejamos.
Hay una víscera que palpita en este libro y también gratitud, alegría y honor al ver mi nombre en las dedicatorias.
Tan minúscula yo.
Como la pisada de un armiño en un invierno de la tundra.

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