domingo, 29 de noviembre de 2015

Miguel D'Ors. Anotaciones durante un recital.



El pasado 25 de noviembre asistí a un recital de poesía de Miguel D'Ors, padrino del número treinta y siete de la revista Fábula.

Últimamente me veo poseída por cierto espíritu cronista y no paro de tomar notas allá donde creo ver algo interesante.
Si hubiera algún dato inexacto o incorrecto, les ruego que me lo indiquen ya que todos los apuntes fueron tomados a vuela pluma.

El poeta se definió, nada más empezar, como un ruiseñor provincial y expresó su alegría de estar en Logroño, entre otros motivos, por tener lazos familiares con La Rioja.

Aseguró no tener interés por enfoques excesivamente filosóficos del estilo de Heidegger o Holderlin.
Los enfoques lingüísticos del Formalismo Ruso o del Círculo de Praga le interesaron en los años 70 pero por poco tiempo.

Hacia el año 79, se dio cuenta de que casi cualquier teoría es válida para escribir tanto los mejores como los peores poemas del mundo porque todo depende del talento del poeta.

También se dio cuenta de que basta que codifiquemos la poesía para que esta aparezca por los lugares más insospechados.

Le interesa más la poesía como objeto, como artesanía poética. Afirma no tener una teoría al respecto y tampoco quererla.

Su libro Átomos y galaxias (Ed. Renacimiento, 2013) pretende ser un catálogo del Universo. Un inventario del mundo desde las grandes cuestiones cósmicas hasta el comportamiento de los gatos o las pelusas bajo los muebles, a las que él llama 'bolirronchos'.
Todo el libro está ordenado alfabéticamente como un diccionario desde 'abejas' hasta 'Zacarías'.
Con él también quiso hacer un muestrario de métrica.

D'Ors leyó once poemas de Átomos y galaxias:

Perdón, introducido por una cita de J. Whistler que dice 'Sólo el trabajo borra las huellas del trabajo' refiriéndose, ante todo, a que los poemas fáciles de entender esconden detrás abundante trabajo;
Homenaje, a las flores de las cunetas, esas que nunca salen en los poemas (nos cuenta que sus mejores amigos pertenecen al mundo vegetal y nos confiesa su misantropía); Tojo; Avecedario, una décima que va con uve porque es un homenaje a las aves; Arrugas, uno de sus escasos poemas de amor, encarnado en la realidad cotidiana; Bolirronchos, al que define como poema menor; Adioses; Elecciones, donde se pregunta si alguien vive las vidas potenciales que fuimos dejando en la cuneta; Floristería; Francisco Lois, antepasado carpintero con el que siente conexión por su gusto por lo artesanal y Miércoles de ceniza.

A partir de este punto, comenzó con su lectura de poemas antiguos:

De Chrónica (Diputación provincial de Granada, 1982) recitó Esposa (alguien/acaricia mi vida con tus manos y pone/en cada beso tuyo su latido).

De Curso superior de ignorancia (Editum. Ediciones de la Universidad de Murcia, 1987), leyó los siguientes:

Pequeño testamento, cuyo título nos dice que fue robado a François Villon y mezclado con greguerías de Gómez de la Serna. Tras la lectura de este poema contó en tono jocoso que hay que procurar no ser original, que lo original le lleva a uno a despeñarse y que, aquí en concreto, solo los 'de' y los 'que' son suyos.

Contraste, donde normaliza la infelicidad humana:

Ellos que viven bajo los focos clamorosos
del éxito y poseen
suaves descapotables y piscinas
de plácido turquesa con rosales
y perros importantes
y ríen entre rubias satinadas
bellas como el champán,
                                    pero no son felices,

y yo que no teniendo nada más que estas calles
gregarias y un horario 
oscuro y mis domingos baratos junto al río
con una esposa y niños que me quieren
                                    tampoco soy feliz;
Otro poema de amor (y estar aquí contigo, respirándote, viéndo la lámpara del techo reflejada en tus ojos)

o Carta (a ti, retrospectiva, condicional, perdida,/dondequiera que estés,/este poema).

De Hacia otra luz más pura (Ed. Renacimiento, 1999) leyó Por favor (se van muriendo uno tras otro/como en las películas de náufragos/o de aviones estrellados en neveros incógnitos).

De Sociedad Limitada (Renacimiento, 2010): Amapola (contenta/como el canto de un mirlo en un cerezo).

De sus poemas incluidos en antologías leyó Aniversario, con un final muy exitoso en Brasil, según aseguró divertido (la felicidad consiste/ en no ser feliz/ y que no te importe) o Media vida, (Qué tristeza:/me sobra media noche,/ me sobra media luna/ y medio mar: la parte/ que te tocaba a ti de aquel nosotros).

Y para concluir el acto, pasó a recitar una serie de poemas inéditos para probar la reacción del público ante ellos:

Así, en Naturaleza confiesa cómo lo trascendente o lo metafísico se le revelan a través de ella.

En Nocturno en La Caeira, nos habla del espacio de encuentro con la propia interioridad a través de la noche en su lugar de residencia actual.

También Aguas estancadas, Sabiduría del ciruelo, Nevada, Silencios predilectos, Ser o no ser o Extraños caminos (allí donde hay un hombre/ hay un misterio).

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