sábado, 26 de marzo de 2016

Los desplazados

Nada más llegar a Dublín me hice con una antología ilustrada de poesía irlandesa y, en una primera lectura rápida me fijé en un cuadro y en un poema:
The last of England, de Ford Madox Brown
El cuadro era 'The last of England' de Ford Madox Brown, que representaba a una familia de emigrantes británicos que se dirigía hacia Australia a mediados del siglo XIX con las manos entrelazadas con las de su bebé, oculto por las ropas de la madre. 

El poema era 'A Lament for the Potato' de Lady Jane Wilde (1821-1896) de la que llegué a leer en otra parte: 'nuestros hijos se desmayan delante de nosotros pero no les podemos dar pan
Hacía referencia, obviamente, a la Gran Hambruna que afectó a Irlanda de 1845 a 1849.

Los británicos eran los propietarios de las explotaciones agrícolas irlandesas. Los campesinos de Irlanda que trabajaban para ellos se alimentaban de lo que cultivaban en sus huertos familiares, fundamentalmente de patatas. El problema vino cuando la patata enfermó de mildiu y los campesinos no pudieron alimentarse del trigo que cultivaban para los ingleses, además de que seguían siendo obligados a pagar el arriendo a pesar del desastre. 
Las medidas adoptadas por los británicos para paliar la hambruna irlandesa no pasaron de meros parches basados en la caridad

El propio Karl Marx escribía esto al respecto en 1859 en el New York Daily Tribune:

'Los terratenientes ingleses de Irlanda están confederados para una guerra perversa de exterminio contra los campesinos; se combinan para el experimento económico de limpiar las tierras de bocas inútiles. Hay que acabar con los pequeños hacendados locales sin mayores fatigas que lo hace una criada con un bicho. Aquellos desdichados, desesperados, por su parte, intentan una débil resistencia a través de la formación de sociedades secretas, diseminadas por todo el territorio e impotentes para llevar a cabo nada que sobrepase a manifestaciones de venganza individual'

La consecuencia evidente fue la muerte de más de dos millones de personas y la famosa diáspora irlandesa además de que marcó un antes y un después, desde el punto de vista político, entre las relaciones de Irlanda e Inglaterra.

En la Galería Nacional de Irlanda se ofrece hasta diciembre una exposición titulada 'Pathos of Distance' de cuarenta y dos imágenes mezcladas con mobiliario doméstico e intercaladas con diferentes citas literarias y prensa que repasan el dolor de la diáspora y que invitan a cuestionar el significado del desplazamiento, la forma en la que el emigrante reproduce sus estereotipos nacionales allá donde va, los sentimientos de pérdida y arraigo, el punto de vista que de ellos tienen quienes se quedan, el punto de vista que de ellos tienen en el lugar a donde llegan, la forma en que vemos a quienes siguen necesitando irse.




Para saber más:
http://www.nationalgallery.ie/en/Research/Pathos_Distance.aspx

viernes, 25 de marzo de 2016

Dublinesas

Publicidad sobre la línea de autobuses número 16 en Dublín
Pasear por Dublín ha sido como caminar por un álbum de recuerdos del Alzamiento de Pascua contra la autoridad sobre Irlanda del Reino Unido y es que este año conmemoran su centenario.
Para los irlandeses fue el comienzo de su independencia aunque también el inicio de sus divisiones internas que, años más tarde, terminarían en una guerra civil.
El Alzamiento no contó con demasiados adeptos entre la población. Incluso fue interpretado como una posible interferencia para conseguir la independencia de los ingleses pero las ejecuciones de los cabecillas hicieron cambiar el punto de vista de la gente. Hay algunos que incluso ven en este momento histórico 'la primera revolución socialista de Europa'.
Muchas veces leí por toda la ciudad los nombres de los quince ejecutados tras el Alzamiento:
Patrick Pearse, Roger Casemente, William Pearse, Thomas MacDonaght, Thomas Clarke, Edward Daly, Joseph Plunkett, Jonhn MacBride, Michael Mallin, Michael O'Hanrahan, Éamonn Ceannt, Sean MacDermott, Sean Heuston, Thomas Kent y Cornelius Colbert.
Pero llamaron mi atención la presencia de tres mujeres:

Grace Glifford-Plunkkett, Margaret Pearse y la Condesa Markievicz.

Grace Glifford fue una dibujante que contrajo matrimonio con su novio -el editor, poeta y activista por el Alzamiento, Joseph Plunkett- solo unas horas antes de que este fuera ejecutado en la prisión de Kilmainham en 1916.
A pesar de que, ante todo, la ciudad la muestra como la viuda de una historia de amor con final trágico y romántico, Grace fue además de una reconocida artista, trabajadora en las organizaciones Inghinidhe na hÉireann (Hijas de Irlanda), que trataba de mejorar las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas de Dublín; y en la Irish Women's Franchise League (organización por el sufragio femenino).

Capilla de la prisión de Kilmainham donde contrajeron matrimonio Grace Glifford y Joseph Plunkett
Margaret Pearse era la madre de dos de los cabecillas ejecutados: Patrick y William Pearse.
Posteriormente pasó a ser elegida como parlamentaria del Sinn Féinn por Dublín.

Mural conmemorativo del artista Gearoid O'Dea en la dublinesa George's St. y que representa a Margaret Pearse, a la Condesa Markievicz y a Grace Glifford.
Y mi favorita, la condesa Constance Markievicz, revolucionaria y nacionalista irlandesa que, a pesar de ser aristócrata, recibió una educación que no le hizo ajena a los problemas sociales de su tiempo. Así pronto apoyó al movimiento sufragista de las mujeres inglesas (National Union of Women's Suffrage Societies) y, más tarde, al grupo irlandés nacionalista y feminista por el que también trabajó Grace Glifford, el Inghinidhe na hÉireann, así como al Sinn Féinn.
Escaparate frente a St. Stephen's Green
La condesa Markievicz fue subcomandante del ejército durante el Alzamiento de Pascua del 16 y encarcelada en Kilmainham gaol desde donde pudo ver la ejecución de sus quince compañeros.
Ella salvó la vida porque la pena de muerte solo podía ser aplicada a los hombres.



Mujeres presas en Kilmainham gaol.

Panel informativo en la prisión de Kilmainham sobre la situación de las mujeres en la política

Mujeres, ideales y nación. Una obra de la condesa Markievicz

Panel informativo en la prisión de Kilmainham


Celda de la condesa Marquievicz en Kimainham gaol

jueves, 24 de marzo de 2016


George Bernard Shaw nació un par de calles detrás de mi apartamento en Dublín un 26 de junio de 1856.
De familia pobre y protestante, escribió ya en Londres cinco novelas y las cinco fueron rechazadas.
Fue socialista, vegetariano y pacifista y, por ese motivo, declarado antipatriota por los ingleses; sociedad esta en la que se sintió por fin 'integrado' (parafraseando sus palabras) cuando su ejercicio de estricto autocontrol durante años combinado con el deterioro físico producido por la edad, le hicieron lo suficientemente aburrido para ser aceptado por la sociedad inglesa.
Pero, como buen irlandés, lo imagino deslenguado y brillante, con la carcajada a punto, pronunciando maravillas como 'los espejos se emplean para verse la cara, el arte para verse el alma' o 'cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza siempre dice que cumple con su deber'.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Sandman y Caperucita

Entre mis últimas obsesiones se esconden los lobos con toda su carga simbólica y salvaje.
Ha sido un hallazgo encontrar en el número 2 de Sandman, de Neil Gaiman, titulado 'La casa de muñecas', la verdadera historia de Caperucita Roja:

Rose Walker le dice a Gilbert que si quiere contarle un cuento, que mejor que sea un cuento de hadas.
Gilbert le pregunta si se sabe el cuento de Caperucita Roja a lo que ella le responde que claro.
Él le cuenta que la versión que ella conoce fue una invención de Charles Perrault, que ordenó las historias populares francesas para consumo de las masas en el siglo XVIII y que otros cambios, como el final feliz, son posteriores.
Por ese motivo, Gilbert cuenta a Rose la versión original:
A una niña le encargaron que llevase pan y leche a su abuelita. Mientras cruzaba el bosque, se le acercó un lobo y le preguntó adónde iba.
'A casa de mi abuelita'
El lobo salió corriendo y llegó primero a la casa, mató a la abuelita, vertió su sangre en una botella y cortó su carne en tajadas sobre un plato. Luego se puso su camisón y se metió en la cama a esperar.
Toc, toc. 'Pasa querida' 'Te traigo pan y leche, abuelita'. 'Come algo, querida, hay carne y vino en la despensa'.
La niña comió lo que le ofreció.
Al hacerlo, un gatito le dijo: '¡Zorra! '¡Mira que comerte la carne y beberte la sangre de tu abuelita!'
Y el lobo le dijo: '¡Desvístete y métete conmigo en la cama!'
'¿Dónde dejo la falda?'
'Tírala al fuego, ya no vas a necesitarla'.
Por cada prenda, enaguas, corpiño y medias, la niña hizo la misma pregunta y el lobo respondió:
'Tírala al fuego, ya no vas a necesitarla'.
Cuando la niña se metió en la cama, dijo:
'Abuelita, qué peluda eres'.
'Es para no pasar frío, querida'.
'Abuelita, qué uñas tan largas tienes'.
'Son para rascarme mejor, querida'
'Abuelita, qué dientes tan grandes tienes'
'Son para comerte mejor, querida'.
Y se la comió.
Rose le dijo a Gilbert que aquella historia era horrible.
Y él le contestó:
'Me temo que sí, hay versiones anteriores que son aún peores. Escuche el viento'.


Relato extraído de:
Sandman nº2 'La casa de muñecas', Neil Gaiman, ECC Ediciones. Páginas 143, 144 y 145.


lunes, 14 de marzo de 2016

Delmira Agustini


A pesar de que muchas veces las clases obligan a repetir los mismos temas de siempre, hay días en que me asaltan nombres o datos desconocidos.
Así, esta mañana, en mi primera sesión del día se ha asomado entre los apuntes de Literatura universal la siguiente sentencia:
Delmira Agustini (1886-1914), uruguaya, fue asesinada por su esposo.

Lo he anotado con ganas de seguir indagando y me he dado de bruces con una de las poetas más representativas de la poesía hispanoamericana del siglo XX.
Modernista, icono de la revolución sexual, se divorció de un marido que le duró cuarenta y un días y que la mató a tiros antes de suicidarse.

Leo también las palabras de María José Bruña, profesora titular del departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca y experta en Agustini: sus contemporáneos no podían entender que fuera polifacética, así que la encasillaron como esquizofrénica.

Me recuerda que hace pocos días, en un artículo sobre Gabriela Mistral, se afirmaba que en Chile la preferían loca a lesbiana.

La locura parece ser el diagnóstico más acertado de los doctores cortos de vista.

Hubo expertos que, incluso, llegaron a asegurar que Agustini, por su edad y por su sexo, era una pitonisa que escribía en raptos de inspiración, porque no era posible que escribiera aquellas poesías tan complicadas y menos aún que las pudiera entender.

Os copio aquí su poema 'Los retratos':

Si os asomarais a mi alma como a una estancia profunda veríais cuánto la entenebrece e ilumina la intrincada galería de los Desconocidos... Figuras incógnitas que, acaso, una sola vez en la vida pasaron por mi lado sin mirarme y están fijas allá dentro como clavadas con astros...

Enlaces de referencia:
http://amediavoz.com/agustini.htm
http://cvc.cervantes.es/Literatura/escritores/agustini/default.htm
http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/04/563a292f268e3e8e598b465f.html

Imagen extraída de aquí:
https://novedadesbiblioteca.files.wordpress.com/2014/07/d-89.jpg
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