jueves, 7 de abril de 2016

Presentación de' El color de la granada' de Carla Badillo Coronado

En este enredo poético de madejas y conexiones y preparando esta presentación he descubierto que tal día como hoy, en 1889, nacía en Chile Gabriela Mistral, poeta que también escribió un poema-cuento titulado ‘Madre Granada’.

Casualidades aparte, el trabajo de Carla Badillo Coronado en ‘El color de la granada’ es una invocación – más que un libro – donde quien nos habla es el poeta, músico y ashik (trovador y místico itinerante) armenio Sayat Nova a través de la pluma de la poeta.

La lectura se inicia, como cualquier peregrinaje, con cuatro advertencias que no debemos pasar por alto en la lectura:
1)Quién fue Sayat Nova
2)’El color de la granada’ como título de una película de Serguei Paradjanov que relata la vida del poeta en clave simbólica.
3) El significado alegórico de la granada.
4) El tiempo de elaboración del libro (el mismo que tardó una granada en descomponerse ante los ojos de la poeta).
Pero estas no son sólo indicaciones superficiales, sino que apreciamos con ellas cuatro niveles diferentes de profundidad en la lectura donde predomina, bajo todos los velos, el peso de los símbolos y la voz de Sayat Nova a través del hondo trabajo de búsqueda, identificación y empatía de Carla Badillo Coronado.
Después comienza el camino lector a través de ocho momentos en la vida de Sayat Nova. Ocho, como si la forma externa de ese número ya estuviera hablándonos del infinito, de una voz poética que no va a callarse y que vencerá al tiempo.

Así, nos adentramos en la niñez del poeta y comprendemos que asumió su destino de forma natural e inevitable.

Se nos dice ‘los símbolos son escrituras sagradas de un futuro inexistente’ y con ello también debemos ser muy conscientes de la importancia que el símbolo tiene en todo el libro.

Decía Cirlot en su conocido diccionario que ‘nuestro interés por los símbolos tiene un múltiple origen; en primer lugar, el enfrentamiento con la imagen poética, la intuición de que , detrás de la metáfora, hay algo más que una sustitución ornamental de la realidad’; ‘el misterio es el componente casi continuo’ en el símbolo y en el libro de Carla Badillo Coronado.
Un misterio que Sayat Nova trató de interpretar; un misterio que Serguei Paradjanov intentó revelar en su película; un misterio que Carla Badillo Coronado saca a la luz; un misterio que las palabras no pueden nombrar del todo. Sólo las metáforas se acercan a su significado más hondo como profanadoras de una verdad oculta que sólo, en ocasiones, desvela el silencio.
El acto poético es casi un juego místico que se repite a través de los tiempos:

‘Cantan los abuelos desde otras tierras y otros siglos / en los que también ellos jugaron a ser Dios’

En la segunda parte, nos adentramos en la juventud del poeta. De la pureza inicial donde la música y la poesía fluían con naturalidad y alegría. Un momento en el que la herida llega como si un excesivo contacto con la belleza hiriese tanto como una sobreexposición al sol.

Y nuevamente el símbolo como intérprete:

‘los símbolos hacen posible la existencia’.

En su juventud, el poeta asume su don como un destino que acepta. Es un testigo que recoge, un legado no exento de esfuerzo:

(Pág. 35. Poema 13)

‘A ti te corresponde llevar la pluma
y descifrar los códigos
deja que el viento haga su parte
que transporte polen sobre tumbas
que nadie quiere recordar.
y deja que el agua también haga su parte
que aquí todos llevamos años
sentados sobre esta misma piedra
sin dejar de cantar’.

Y en la juventud comienza a ser consciente del paso del tiempo, del gran teatro del mundo (siguiendo la estela de la tradición platónica o de Calderón), de que la belleza nos hace arrodillarnos ante la posibilidad de lo divino, aunque nos cueste creerlo, y lo nombramos y lo llamamos Dios.

Es en la juventud también cuando llega la consciencia de la muerte.

La tercera parte nos muestra el paso del poeta por la corte donde la madurez le enseña el haz y el envés de la existencia, los ‘caminos erróneos como rótulos caídos que confunden al viajero’; lo salvaje de la existencia, la crueldad dentro de lo ingenuo ‘nunca faltarán payasos que intenten matarte’ y la necesidad de integración en la tribu a base de luchas, desconfianzas y repeticiones.

Nos deja ver la candidez del poeta –de los poetas- que creen que por rozar la belleza la capturan.

En la cuarta parte nos cuenta la expulsión de Sayat Nova y es ahí donde el equilibrio de fuerzas se decanta por términos como ‘abismo’, ‘cadáveres’, ‘Muerte’ (con mayúscula), ‘cenizas’ que no recuerdan el fuego que fueron, ‘vergüenza’, ‘vacío’, ‘miedo’…

Me debo al silencio pero nunca aprenderé a callar’, dice.

La quinta parte nos habla del paso del poeta por un monasterio que fue real pero también el símbolo de crisálida para una metamorfosis.

Y la granada aparece como alegoría de lo múltiple y de la unidad que lo contiene; como alimento que encierra belleza y que nutre el espíritu.

Va surgiendo en el poeta la necesidad de búsqueda solitaria de adorar a sus propios dioses y de emprender un camino personal sin otra guía que la música.

No es el encierro entre muros el que enclaustra al poeta, son los límites del tiempo.

En la sexta parte se nos introduce en el sueño del poeta. En su delirio, Sayat Nova presencia la muerte del niño y el joven que fue. La metamorfosis se ha producido y la acepta:

Sean todos bienvenidos a mi fiesta/excepto la culpa

En la séptima parte llegamos a la muerte del poeta. Esa presencia constante hermanada con la prisión del tiempo que se presenta como una noche resplandeciente.

El teatro anuncia el final de la obra pero el poeta sigue empeñado en cantar porque sabe que su música y sus poemas no son ‘los heraldos negros que nos manda la Muerte’ (que diría César Vallejo) sino una forma de engañar al tiempo y de retrasar el desenlace.

Se aferra a la vida y a sus creencias con raíces de árbol viejo y nos dice que ‘todo lo bello es sagrado/y todo lo sagrado obsceno’.

Pero la muerte llega como ‘un territorio que no lleva nombre’ como ‘otro tipo de exilio’.

Y llegamos así a la octava parte y al final del libro titulada ‘Transfiguración del poeta’.

Sayat Nova es consciente de que ahora vuelve a tener voz y manos a través de Carla Badillo Coronado: ‘todo poema es un anclaje a la condición humana’ y la nueva juglar que le da la palabra, en realidad, ‘traduce los misterios de la noche’ en un ejercicio de revelación donde la única religión es, precisamente, la poesía y su búsqueda, a pesar de que el verdadero poeta sabe desde el principio que ‘la verdadera luz jamás se describe’.
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